CUATRO CLAVES SOBRE EL MOVIMIENTO DE PABLO IGLESIAS Y LA BATALLA CON ISABEL DÍAZ AYUSO POR MADRID

CLAUDI PÉREZ

 

 

La política española aprieta los dientes, o le da a toda mecha, o pisa a fondo, o el verbo que quiera que se use para expresar la máxima aceleración. España alumbró la semana pasada un bochornoso episodio, la maniobra del PP para abortar la moción de censura en Murcia, que terminó con la convocatoria de elecciones en Madrid. El aleteo de una mariposa tránsfuga en Murcia ha acabado provocando un terremoto en La Moncloa: el vicepresidente Pablo Iglesias deja el Gobierno para competir con Isabel Díaz Ayuso y de paso para tratar de reunificar todo el espacio que queda a la izquierda del PSOE. Esa secuencia (Murcia-Madrid-La Moncloa) deja todo tipo de lecturas. Aquí van cuatro a modo de análisis a vuelapluma de un movimiento tectónico que deja descolocado todo el tablero, una de las especialidades de Iglesias.

1. Hay una lucha fratricida por la hegemonía en la derecha, que tiene pinta de recomponerse con una inclinación más conservadora. “Comunismo o libertad” es el nuevo lema del PP. Conclusión: más polarización.

2. Es un movimiento inteligente de Iglesias: parece que el líder de Podemos se sacrifica para salvar a su partido, que podía quedarse por debajo del umbral del 5% en Madrid y quedar, por lo tanto, muy mal parado con vistas a unas eventuales elecciones generales anticipadas que ya nadie puede descartar: la cocina de la política española despide un calor insoportable. Iglesias juega a movilizar el voto joven, aunque de paso va a movilizar el de la derecha: habrá que ver qué efecto es más potente. De un plumazo, resuelve su falta de encaje en el Ejecutivo con el riesgo de debilitamiento de su partido. Y es una vuelta a las esencias: Podemos era sobre todo y ante todo un movimiento madrileño. El resultado, en fin, puede ser positivo tanto para Podemos como para Iglesias, pero para la política española, la conclusión es, otra vez, más polarización.

3. Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, emerge como la nueva vicepresidenta de Podemos, y potencial candidata en unas futuras elecciones generales. Eso, por un lado, va a tranquilizar el Consejo de Ministros, muy agitado últimamente por el crescendo declarativo Iglesias. Para unas futuras generales, sin embargo, Díaz puede ser un potencial problema para Pedro Sánchez: parece mejor candidata a la luz de su buena gestión y no está tan quemada como la marca Pablo Iglesias. Pero el resultado es el mismo: más polarización.

4. Coda final. “Socialismo o libertad”; “comunismo o libertad”; “fascismo o democracia”, unos y ceros, divisiones, pensamiento dicotómico, de buenos y malos: muy poco fino, poco estructurado. En la ciudadanía va ganando peso un cierto desasosiego; desapego hacia una clase política que se pierde en luchas fratricidas, en peleas entre ellos. Cunde la sensación de que la ciudadanía no tiene nada que ver, de que no se habla de los auténticos problemas. Camino de los 100.000 muertos y con la economía de nuevo gripada, en los próximos meses España se juega probablemente los 10 próximos años. Con los fondos europeos. Con las reformas que se avecinan. Con las castañas que vendrán si España vuelve a errar el tiro como hizo en la Gran Recesión, en la que no acertó ni con el análisis ni con las recetas, y luego vinieron los hombres de negro con la tijera. Hay una batalla decisiva en el centroderecha que se ha precipitado en Murcia y en Madrid, y un regate corto en la izquierda que apunta a razias también por ese flanco. Y en medio está un país sumido en una doble crisis, sanitaria y económica, que debería ser suficiente antídoto para el politiqueo.

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