INQUIETUD Y PERTURBACIÓN

JORDI JUAN

 

 

Pedro Sánchez entró ayer de lleno en el debate existente sobre las presuntas actividades fraudulentas del rey emérito Juan Carlos I con el objeto de proteger a la institución monárquica, y por eso puso el énfasis en que la Casa Real “está marcando distancias frente a informaciones inquietantes y perturbadoras”. El presidente hacía referencia a la publicación de las declaraciones judiciales de Corinna Larsen, la amiga de Juan Carlos I, y de los abogados Dante Canónica y Arturo Fassana, que intervinieron en los negocios del rey Juan Carlos. Como bien apunta hoy en nuestro diario la corresponsal en la Casa Real de La Vanguardia , Mariángel Alcázar, todo lo que sabemos hoy es a partir de estas declaraciones de estos tres actores y faltaría aún una sentencia judicial que las acreditase.

Pero la decisión del rey Felipe VI de retirarle la asignación a su padre y renunciar a su futura herencia ha sido interpretada como una prueba evidente de que han podido producirse negocios opacos por parte del rey emérito. Como se sabe por las declaraciones realizadas por la señora Larsen a la justicia suiza, el rey Juan Carlos le habría transferido 64,8 millones de euros en el 2012 “por gratitud”. En una situación de crisis económica como la que vivía España en aquel momento, la afirmación parece una broma de mal gusto. La hipótesis de que la verdadera intención del rey emérito era desprenderse del dinero para evitar un delito de fraude fiscal u otro de blanqueo de dinero es a la que se da mayor verosimilitud en la investigación que lleva a cabo la Fiscalía Anticorrupción. No hay que olvidar que estamos hablando de un tema que se inició para indagar las comisiones que diversas constructoras españolas tuvieron que pagar a cambio de obtener el concurso para construir el AVE a La Meca.

Realmente, como dice Sánchez, la opinión pública española asiste inquieta y perturbada ante el alud de informaciones que revelan un comportamiento irregular de la que fue primera institución del país. Y el hecho de que no pueda ser castigado, si la investigación judicial así lo determinase por su condición de inviolabilidad, es un motivo más para que se dispare aún más tanto la inquietud como la perturbación.

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