QUE EL MUNDO NO NOS COMA A LOS JÓVENES

 

Mariam Aguilar

Hoy hace justo un mes cumplí 20 años pero yo sigo pensando que tengo quince. No es que no quiera crecer, pero no me siento identificada con este número. De repente, se nos considera adultos capaces de alcanzar todo lo que nos propongamos. "¡Vas a comerte el mundo! Los jóvenes sois el futuro de nuestro país." Pero, ¿de qué futuro me están hablando? Yo pensaba que ya estábamos en el futuro. Aquel por el que nuestros padres y madres lucharon cuando tenían nuestra edad. Pero según me han contado, las cosas siguen igual. O incluso peor.

Yo no quiero ser el futuro de una sociedad podrida y rota como la nuestra. No quiero que haya políticos corruptos libres y raperos honestos en la cárcel. No quiero que se juzgue a las personas por sus ideas, ni por su sexo, ni por su origen. No quiero que se condene la solidaridad. No quiero que se persigan libros que evidencian qué tipo de personas representan el país. No quiero que el presidente vuelva a decir que no hay dinero para las pensiones mientras su partido se lo gasta en lujos. No quiero que la Monarquía viva a coste de la plebe. Quiero que la policía deje de pegar porrazos a los que se manifiestan pacíficamente. Quiero que los manifestantes respeten a los que prefieren no sumarse a la causa porque perder un día de trabajo supone no poder alimentar a sus hijos. Quiero que preguntas cómo "¿qué llevabas aquella noche?" estén prohibidas en una declaración judicial. Quiero que los partidos antepongan las necesidades sociales a sus propios intereses. Quiero que los políticos dejen de mentir. No quiero que la religión se convierta en una excusa para matar. No quiero que España sea cómplice de la venta de armas. No quiero que Europa mire a otro lado mientras millones de personas mueren en mar. No quiero fronteras que supongan un obstáculo para los que quieren empezar una nueva vida. Quiero que nos sintamos de nuestra tierra pero que el mundo sea de todos y que nadie sea de nadie.

Teniendo en cuenta la situación, por favor, que alguien me explique cómo tenemos que hacerlo los jóvenes para que el mundo no se nos coma a nosotros. Porque está claro que a este ritmo la ley de conservación de la materia que sentenció Antoine Lavoisier en 1785 no es aplicable a nuestro sistema. Aquí todo se crea, todo se destruye y nada se transforma.

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