Refugiados y emigrantes

JOSÉ JULIO FERNÁNDEZ

 

 

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS DE SEGURIDAD (CESEG) DE LA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO 

 

Las personas se mueven por el planeta desde el origen de los tiempos, por razones diversas, entre las que figura la supervivencia. Sin embargo, en la actualidad dichos movimientos tienen unas cualidades diferentes, tanto por la globalización como por la superpoblación hacia la que caminamos. Además, la extensión de los conflictos es un estímulo para tales desplazamientos.

El tema tiene relevantes repercusiones, en especial las de tipo humanitario y, también, las de seguridad. No hay que verlas como contradictorias, pues la seguridad, la paz, el desarrollo y los derechos humanos forman parte del mismo ámbito y bogan hacia la misma dirección. Sin seguridad no habrá nada de lo otro. Pues bien, no debemos olvidar que una de las estrategias confesadas del radicalismo yihadista es inundar Europa de desplazados para generar inestabilidad, en especial aprovechando la situación en Libia.

En su distorsionado enfoque piensan que ello originará conflictos internos en el Viejo Continente que ayudarán a establecer un califato. Esta estrategia no debe olvidarse para que la opinión pública sepa la verdad y no se vea manipulada.La normativa sobre este tema es compleja, de ámbito internacional, europeo, nacional e, incluso, regional. Y aborda categorías también difíciles, como el derecho de asilo, el estatuto del refugiado o la responsabilidad de protección. No es el momento de explicarla, pero sí de reclamar al menos tres cosas: una, que se aplique esta normativa, sobre todo la referida a derechos humanos; dos, que la regulación jurídica se actualice al contexto actual (que no es el de la segunda posguerra mundial); y tres, que Europa asuma una posición única. Y esto último sobre todo ahora que estamos intensificando las políticas de seguridad y defensa ante la mengua del vínculo trasatlántico. Una cuestión de seguridad de primer orden es esta de los refugiados y desplazados, no se puede obviar en la UE. Si hay dudas normativas (que las hay, en el Sistema de Dublín sin ir más lejos) habrá que reformar dichas normas para ofrecer respuestas claras a este desafío, que seguirá existiendo con intensidad en medio de debates agitados. Al margen de ello, al menos hay una cosa clara: Europa no puede ser una isla de bonanza en medio de un océano de miseria. Debemos desarrollar a los países de nuestro entorno. La limosna no vale, lo que sirve es construir instituciones sólidas y eficaces, que protejan a una ciudadanía para que pueda vivir en dignidad. Las actuaciones de Occidente no han sido satisfactorias para ganar esta ansiada estabilidad (Irak, Siria, Libia, Somalia, Afganistán...). Quizá en el Sahel lo estemos haciendo mejor. Allí esperan en unos años mil millones de personas ansiosas de huir hacia el norte si sus países no les dan respuestas. ¿Estará la UE a la altura de las circunstancias?.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, que miran mucho para África, son una buena agenda para conseguirlo, desde un entendimiento positivo de la paz, que incluye seguridad y derechos humanos. Mientras, en Libia hay esclavos a día de hoy, para oprobio e ignominia de toda la humanidad.

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