SIN NOTICIAS DE LA RAZÓN

XIMO PUIG

PRESIDENTE DE LA GENERALITAT VALENCIANA

 

Qué. ¿Qué ha ocurrido? Hace una década sufrimos el golpe de una Gran Recesión, que coincidió en el tiempo con un nuevo paradigma comunicativo: las redes sociales. Tras la primavera de su advenimiento, apareció en sus filas la hegemonía del insulto y el dulce encanto de la polarización frente a la pesada reflexión deliberativa. Una década después, el empobrecimiento alentado por políticas erróneas de recortes, las desigualdades acentuadas por la pandemia y la consolidación de las redes como burbujas que aislan a grandes segmentos de la sociedad en mundos paralelos han provocado tres efectos: Menos confianza en las instituciones, un boom global del populismo y una radicalización patética.

Quién. ¿Quién es el responsable de esta polarización? Podríamos dibujar un mapamundi de la polarización y uniríamos puntos muy alejados: Trump, Bolsonaro, Salvini, Orban, Le Pen, el Brexit, Maduro, Erdogan, la ultraderecha española. Esa es una primera lectura. Posiblemente, la lectura fácil.

Pero detrás del quién de la polarización se esconde otro factor decisivo: ¿Quién retroalimenta esos discursos que polarizan? ¿Quién los legitima al pactar con ellos y, de ese modo, blanquearlos? ¿Quién les da alas al ponerlos, constantemente, en el centro del debate? Esa es la lectura más compleja.

Para que se tense una cuerda se necesitan, al menos, dos partes que tiren. Y eso debe hacernos reflexionar sobre qué postura adoptar en esta atmósfera creciente de tensión nociva y enfrentamiento público.

Y eso debe hacernos reflexionar sobre qué postura adoptar en esta atmósfera creciente de tensión nociva y enfrentamiento público

Dónde. ¿De dónde surge la polarización? En España tiene dos grandes focos territoriales: Madrid y Catalunya, pero los síntomas aparecen en cada barrio. Estamos asistiendo, por desgracia, a una «futbolización» de la política. La política no puede centrarse en emociones y sentimientos más propios de una hinchada que de la ciudadanía. La mordaz novela Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza, que cumple treinta años, ha trocado en un debate público Sin noticias de la razón y con sobredosis de emoción.

Tanto el procés independentista de Catalunya, como el procés invisible de Madrid y su aspiradora de recursos, son generadores de polarización. Porque la polarización política también se alimenta cuando los independentismos excluyentes se combaten con un españolismo uniformizador, y al revés, para provecho del sectarismo.

Tanto el procés independentista de Catalunya, como el procés invisible de Madrid y su aspiradora de recursos, son generadores de polarización

Los combates en Madrid y Catalunya deberían rebajar la escalada de maniqueísmo. Por su bien y porque acabarán contaminando al resto. Y la sociedad real no está en ese nivel de enfrentamiento.

Cómo. ¿Cómo se combate la polarización? Aporto solo tres ideas. En primer lugar, no entrando, cada día, en el barro de la provocación. No haciéndole el juego diario a los interesados en tensar la cuerda. En segundo lugar, hay exceso de retórica y déficit de gestión. Se habla demasiado sobre partidos y políticos y demasiado poco de lo esencial: las necesidades de los ciudadanos, que son el empleo, la salud, la vacunación, las ayudas, los efectos de la soledad o la salud mental. Hacer de la política un show tiene graves consecuencias. Y tercera idea: Para no polarizar, hay que buscar esa centralidad donde es posible el diálogo, la negociación y el acuerdo. Porque lo contrario a la polarización no es la equidistancia. Eso es una trampa falaz. No se trata de estar en el centro de la cuerda tensionada, sino –sencillamente– de estar fuera de esa cuerda. En otro plano.

Cuándo. ¿Cuándo hemos asistido a expresiones de polarización de alto voltaje? En la oscura Europa de los años treinta. Tenemos constancia histórica de qué sucede cuando es secuestrado el espíritu constructivo que forjó el New Deal, la Unión Europea o la democracia en España. Salvador de Madariaga dijo que en nuestra patria no había conversación. Lo dijo en 1935. ¿Alguien toma nota?

Por qué. ¿Por qué debemos preocuparnos por la polarización? La convivencia no es un principio inamovible. Asentarlo cada día es una exigencia ética. No es una elección aquí o un gobierno allá lo que está en juego. Es mucho más. Es también la legitimidad del sistema democrático y la fortaleza de las instituciones, que es aquello que distingue a las sociedades que progresan de aquellas que fracasan. Estos días se desbordan las palabras gruesas. Recordemos el Teorema de Thomas: «Lo que se percibe como real tiene consecuencias reales». Por eso mismo, no juguemos con las palabras. No juguemos con las mentiras. No juguemos con la polarización.

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