UNA LECTURA EN CLAVE CATALANA

JOSEP MARTÍ BLANCH

La Vanguardia

 

Para hacer una lectura en clave catalana de la crisis de Gobierno, hay que visitar en primer lugar a los doctores del PSC. Los socialistas catalanes están satisfechos, o al menos eso dicen, de cómo han quedado repartidos los peones del Ejecutivo de Pedro Sánchez tras la escabechina ministerial del pasado sábado. Lo primero que se asegura desde el PSC es que la ascendencia de Miquel Iceta en la gestión de la agenda catalana está blindada, ocupe la cartera ministerial que ocupe. Sigue siendo el primer secretario de los socialistas catalanes, así que su aportación ideológica y práctica a la negociación entre los gobiernos catalán y español seguirá siendo relevante, acarree el maletín ministerial de Cultura y Deportes o cualquier otro. Quizá la lectura de los socialistas catalanes sea, en este punto, excesivamente azucarada, dado que el propio Miquel Iceta se quejó ayer explícitamente en el acto del traspaso de cartera a su sucesora, Isabel Rodríguez, por haber sido cesado y tener que abandonar el Ministerio de Política Territorial tan solo seis meses después de su nombramiento.

La segunda cuestión en que insisten es la importancia del nombramiento de la nueva ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, que deberá tomar decisiones sobre asuntos que están muy vivos en la agenda política catalana: ampliación del aeropuerto, la gestión de las vías rápidas que quedan libres de peaje a la vuelta de la esquina, el desastre ferroviario de la red de cercanías o leyes, como la de vivienda, con gran impacto sobre la opinión pública catalana y sobre las que el Parlamento autonómico ya ha legislado. Añaden, además, que en los próximos días habrá algún que otro nombramiento de postín que recaerá también en la cantera del PSC, con lo que se reforzará el 'lobby' de peones socialistas catalanes en Madrid en disposición de actuar sobre la agenda catalana al margen de la cuestión independentista, como lo ha hecho, por ejemplo, Maurici Lucena, presidente de Aena, con la ampliación del aeropuerto del Prat. El tercer asunto sobre el que el PSC advierte es que no habrá cambios sustanciales sobre la manera de enfocar la carpeta catalana en su conjunto. La crisis de Gobierno amortiza los indultos y permite poner la proa con personal de refresco hacia la negociación que debe empezar en septiembre, pero no altera en lo más mínimo los objetivos fundamentales, que para los socialistas siguen siendo dos: que se puedan producir avances en las carpetas bilaterales de carácter sectorial ya a partir de este mes de julio y que, en lo referido al conflicto político de base, pueda encontrarse una salida que ha de pasar, sí o sí, por la renuncia de los independentistas al referéndum de independencia y a la amnistía, líneas rojas para el Gobierno de Pedro Sánchez antes y después de la crisis de Gobierno.

Así pues, el PSC vende los resultados de la crisis de Gobierno en clave de oportunidad para seguir abriendo vías de agua en el independentismo desde el pragmatismo de las cosas del comer. Si la agenda de los próximos tiempos ha de ser la de la recuperación económica, confrontemos a los independentistas con la realidad de un Gobierno de España dispuesto a protagonizar avances en cuestiones sustanciales en este terreno. En el mundo de la teoría, donde todo acostumbra a guardar una gran coherencia, tiene sentido la explicación. Menos ruido alrededor de la estelada y más enfoque en las políticas sectoriales. Sordina al independentismo, en definitiva. Si se cambia de acera y se visita a los galenos independentistas, la masacre de Pedro Sánchez no genera, al menos en público, ni frío ni calor. Para los republicanos importa el qué, no el quién, así que ya se verá.

Y para JxCAT, fieles a su escepticismo y a la convicción de que la negociación entre gobiernos va a ser un fracaso sí o sí, no tiene tampoco ninguna relevancia quien esté al frente del Ministerio de la Presidencia o si el jefe de gabinete de Pedro Sánchez deja de ser un 'spin doctor' a la americana para quedar en manos orgánicas del aparato del PSOE. Pero más allá de estas lecturas, previsibles y de cara a la galería, los republicanos, que son los que realmente están implicados en la negociación con el Gobierno español, tienen claro que en la crisis de Gobierno hay un intento claro de alterar la jerarquía de la agenda política española para que sea la recuperación económica y no el conflicto catalán quien gane protagonismo en el segundo tramo de legislatura. Echarlos de la pista, o al menos que su número ya no sea uno de los más destacados de la función.

Y aunque los de Oriol Junqueras no tengan interés ni intención de hacer embarrancar a los socialistas, y tengan también el máximo interés en conseguir logros sectoriales ajenos a la carpeta independentista, saben que no pueden permitirse que se agüe en demasía el vino de la reivindicación soberanista. Así que su trabajo es neutralizar el efecto de su disolución que pretende, entre otros objetivos, la crisis de Gobierno para poder mantenerse como cabeza de cartel del festival de la política española de la próxima temporada. De ahí que en ERC se aferren a lo que consideran sustancial para sus intereses y que no cambia, por muchos ceses y nombramientos de ministros que se anuncien desde la Moncloa. Y lo sustancial son los 13 diputados republicanos en el Congreso, imprescindibles en la coyuntura política actual para asegurar a Pedro Sánchez unos nuevos Presupuestos y un final sin sobresaltos de la legislatura.

El independentismo es consciente, como lo es España entera, de que Pedro Sánchez no se casa con nadie más que con él mismo. De las pesadillas de gobernar con Podemos al abrazo con Pablo Iglesias, de que no habría indultos de ninguna manera a tener a los líderes independentistas condenados por el Tribunal Supremo en la calle. Todo se mide con el presidente español por el valor de uso que las cosas tienen en un momento dado para seguir asegurando resultados a su particular 'manual de resistencia'. Y el valor de uso del independentismo sigue siendo, al menos de momento, alto. Y eso no lo cambia una crisis de Gobierno. Otra cosa es por cuánto tiempo será así.

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