VIAJE A MARTE. SEGUNDA ETAPA

ALFONSO MORÓN MERCHANTE

 

 

Las profesiones de moda son los llamados Spin Doctors y los Community managers.

Los primeros son una especie de aprendices de brujo sin ideología propia que se venden en el mercado al mejor postor. Son nigromantes, una clase de alquimistas que trabajan en la oscuridad y se dicen dueños de pócimas y brebajes secretos (ahora se llaman “algoritmos”) cuya composición solo ellos conocen y que aseguran al cliente victorias políticas sin cuento. Su especialidad es desentrañar las encuestas con las mismas artes adivinatorias que empleaban los antiguos augures con las vísceras de animales previamente sacrificados.  Actúan como ventrílocuos: eligen un candidato a líder, ambicioso por naturaleza, e introducen las manos en su interior para que el muñeco, que por sí solo sería totalmente mudo e inanimado, adquiera vida, actúe y hable a través de los sonidos que salen del vientre de su mentor.

Algunos, como los entrenadores de fútbol, viven con las maletas hechas: Badalona, Mérida, Madrid. Otros, de siglas marinas, han pasado de practicar sus sortilegios con personajes con mostacho a hacerlo con jóvenes lideresas cuya osadía es solo pareja a su estulticia.  Cuando las marionetas pierden su pintura o el pueblo se aburre de ellos, los brujos los arrojan al cajón de los juguetes rotos, hacen las maletas y buscan un nuevo muñeco al que dar vida con el que puedan seguir ejercitando su “Opus nigrum”. Los políticos, huérfanos de todo auxilio, emprenden entonces un largo, azaroso y casi nunca exitoso camino de vuelta a la cumbre. Pero nunca segundas partes fueron buenas.

Los segundos, los llamados Community Managers, son los que controlan los arcanos de las redes sociales. Son éstas un medio de información y/o opinión que podrían ser de gran utilidad pero que, en la práctica, se limitan en la mayoría de los casos a “dar derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar con una copa de vino, sin dañar a la comunidad, y eran silenciados inmediatamente y ahora tienen la misma repercusión que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Las palabras son de Umberto Eco. Pérez Reverte añadió recientemente que, debido a la posibilidad de anonimato que ofrecen, son “el caldo de cultivo perfecto para los indeseables”.

Los políticos han acabado adoptando las formas de programas como Sálvame. Los miércoles se dedican a intercambiar chafarderías, chabacanerías y chulerías -sanchistas, eclesiales o rufianescas los unos, marcialmente abascaladas o casadianas los otros- (demasiadas CH, una letra suprimida del abecedario) en el teatrillo de la carrera de San Jerónimo. Con razón el genial Forges llamaba al lugar el “Hemicisco”.

Fuera de allí hablan a través de los llamados “canutazos” que son breves, simples y vacíos sloganes preparados en los oscuros gabinetes de sus Spin doctors y difundidos por sus Community managers. Siempre en un horario perfectamente estudiado para que se asegure su difusión en el siguiente telediario.

Pronto se completará el proceso y se incorporarán como tertulianos de pleno derecho, a tiempo completo, en los programas de telebasura.

Hace ya diez años -2010- un ministro socialista, de albo nombre, a fin de justificar su presencia en un programa de este tipo, acuñó el principio fundacional: “los políticos deben ir donde está la gente, no la gente donde están los políticos”.

Unos años después -2014- un entonces aspirante a la Presidencia del Gobierno comunicó por teléfono con el programa líder de esta modalidad de televisión para publicitar su aversión al maltrato animal y, de paso, posicionarse en contra de la fiesta de los toros. El objetivo último nada tenía que ver con sus declaraciones. Fue, en realidad, un grito: “aquí estoy; quiero ser más famoso que los famosillos que salen en ese programa…” 

En fechas muy recientes una ministra socialista del sector que dedica más tiempo al activismo que a la gestión, y la portavoz parlamentaria del partido mayoritario se han apresurado a posicionarse al lado de una persona que viene publicitando (al parecer previo pago) sus tragedias familiares. Todo hace creer, en cualquier caso, que la historia de su maltrato es verosímil y es seguro que un programa como éste puede contribuir a luchar contra la execrable violencia machista.  Interesa destacar aquí, no obstante, que estas políticas, interrogadas al efecto, reconocieron que no se habían molestado en informarse de los numerosos Autos judiciales que han venido jalonando el recorrido ante los tribunales de este enfrentamiento marital, ahora aventado en las ondas.

La seriedad al Poder ...

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