¿CÓMO SE CONTROLAN LOS TOROS BRAVOS?

IÑAKI ANASAGASTI

 

 

 

Abstract

El Estado Español debe tener una relación bilateral, de respeto y reconocimiento mutuo, de naturaleza confederal, y que por encima de todo no se sustente en la subordinación, sino en el respeto y no subordinación.

 

 

¿CÓMO SE CONTROLAN LOS TOROS BRAVOS?

 

Dicen que el problema no es la bala, sino su velocidad. Dicen que el problema no es la Constitución española, aunque también, sino quienes la desarrollan, petrifican, la celebran y la interpretan. Quizás sea esto, aunque el problema de fondo es muy sencillo.

Tras la muerte de Franco en el estado español solo había dos demandas de autogobierno que eran la vasca y la catalana. Ni una sola más. Ni Cantabria, ni Murcia, ni Andalucía, ni mucho menos Madrid. Si alguien hubiera planteado una autonomía para Madrid con parlamento, himno y gobierno le hubieran llevado al frenopático más cercano. Pero alguien, en la discusión constitucional ideó la fórmula mágica. Se llamó “homogeneización del proceso”. Nada de café para todos, sino achicoria para todos. Sin zapatos. Todos con alpargatas y con Madrid, el ombligo del mundo con Barajas, embajadas, ministerios, multinacionales y grandes empresas. España es Madrid y el Real Madrid su embajador itinerante.

Lo contaba el ponente constitucional de origen falangista Gabriel Cisneros con su consabida desvergüenza:

“¿Qué hacemos con Catalunya y el País Vasco? le preguntaron.

“¿Sabéis cómo se controla en San Fermín a los toros bravos?.

Rodeándoles de cabestros.

Pues hagamos eso”.

Y lo hicieron.

El ministro de justicia Iñigo Cavero un día en el pleno me llevó a la parte trasera del hemiciclo y me dijo. ”Los militares fueron determinantes para que Navarra no formara parte de la Comunidad Autónoma Vasca. Argumentaban que las entonces cuatro provincias juntas tenían tres cosas peligrosas que eran: dimensión, frontera y granero. Y por eso Navarra no forma parte de la actual Euskadi. Todo lo demás son argumentos de filosofía barata”.

Si es verdad que los negociadores catalanes no estuvieron a la altura en 1978, quizás presionados por un Tarradellas al que hoy no acabo de ver por ninguna parte su grandeza política salvo de haber sido un perseguido y vivir en el exilio. Se conformó con una cáscara vacía a la que llamaron Generalitat, le dio importancia al protocolo y a las formas, pero aquello no estuvo a la altura de la demanda histórica y cuando nosotros reivindicábamos nos devolvieran el Concierto Económico para Gipuzkoa y Bizkaia, por haber sido “provincias traidoras” nos pedían que no reivindicáramos antiguallas y que recaudara Madrid ya  que no había nada más odioso que la recaudación. Y lo mismo nos dijeron con las policías. ”Que reprima Madrid y los grises”. No les hicimos el menor caso.

Hoy Catalunya ha hecho crack. De aquel 90% de apoyo a la Constitución española en 1978 a abominar de ella y, de aquellas reverencias al rey y a la tranquilidad que le pedía Juan Carlos a Pujol el 23F, a este absoluto divorcio con un rey, que además se llama Felipe VI. Me contaba D. Manuel de Irujo que le comentó el profesor Trueta que le sugirió al entonces Príncipe de España que si tenía un hijo no le pusiera de nombre Felipe, en recuerdo de aquel infausto Felipe V de terrible recuerdo de su decreto de Nueva Planta. Pues no. Con emocionante sensibilidad le puso Felipe. Que a nadie le extrañe el discurso que pronunció. Y es que los Borbones, como la rana y el escorpión, son así.

Catalunya lleva desde el 2012 y antes sufriendo el cepillado de su autogobierno y de su nervio político, sufriendo una crisis total y sin instrumentos para hacerle frente.

El problema de España es que se cree la Castilla de los tiempos de Carlos III sin haber asumido nunca que si algo debería ser la piel de toro, Portugal incluida, es un estado plurinacional. Ya lo vieron nuestros mayores en el exilio inglés cuando escribieron al alimón aquel libro poco citado de “La Comunidad Ibérica de Naciones”, y que eran Portugal, España, Galicia, Euskadi y Catalunya en un sistema confederal.

En nuestro caso hemos propuesto en la ponencia que se discute en el Parlamento Vasco que Euskadi sea la expresión jurídico política de la voluntad democrática de un Pueblo con rasgos políticos propios y un sentido compartido de pertenencia a una misma comunidad política, a una misma nación.

Queremos que este acuerdo se sustente en la voluntad libre y democráticamente expresada por la ciudadanía vasca y que el vínculo con el estado español sea bilateral y confederal configurándose un nuevo modelo de relación con  el estado, bilateral, de igual a igual, de respeto y reconocimiento mutuo, de naturaleza confederal y que por encima de todo no se sustente en la subordinación, sino en el respeto mutuo y la no subordinación y además con un sistema que blinde el autogobierno.

Y eso podrá irse logrando con la acumulación de fuerzas.

España, la España actual, la de Vox, PP, Ciudadanos y Psoe existe. La de Borrell, Vargas Llosa y Vidal Quadras, la de Arcadi Espada y Arrimadas es una realidad que debemos sortear y que no podemos  desconocer.

El pequeño tiene que ser inteligente. La historia de David se cuenta porque esa vez triunfó pero ¿quién se acuerda del millón de Davids que quedaron en el camino?

La Declaración de Barcelona de los años noventa debería ser de nuevo un eje de actuación conjunta planteando las cuestiones respecto a esa Castilla que no ha aprendido nada, ni olvidado nada.

 

Iñaki Anasagasti.

Parlamentario en el Parlamento Vasco (1980-1986)-Portavoz Grupo Vasco en el Congreso (1986-2004), Secretario primero de la Mesa del senado (2004-2011).

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