DIÁLOGO SOCIAL

ALFONSO MORÓN MERCHANTE

 

Festejemos los buenos datos estivales del paro registrado mientras pensamos qué hacer con los 459.000 trabajadores (¡) que todavía siguen acogidos a Erte’s.  Las perspectivas para el diálogo social a venir, por el contrario, no son muy halagüeñas.

Parece excesivo el calificativo de “marxista” que ha dado CEOE a la propuesta del Ministerio de Trabajo para la (contra)reforma laboral aunque es evidente que ha sido inspirada íntegramente por los sindicatos. Su contenido recuerda a una carta de éstos a los Reyes Magos. Esperar que sirva de punto de partida para una negociación que concluya con un acuerdo suscrito por la Patronal es una ensoñación similar a pensar que la mesa con Cataluña pueda alumbrar algo positivo.

Por tanto el documento de Yolanda Diaz debe interpretarse, sobre todo, como un envite al PSOE: la propuesta (de máximos) de Unidas Podemos. Alejada la posibilidad de una nueva firma solemne con los agentes sociales en los jardines de la Moncloa, debe servir como señal de salida para que empiece la verdadera negociación, a saber, la que tendrá lugar en el interior del Gobierno. Una discusión clásica entre Economía y Trabajo, con el Banco de España como atento espectador, que se repite en cada ocasión. Será Sánchez quien al final deberá tomar una decisión sobre el camino a seguir: Díaz o Calviño. El reciente arbitraje entre Calvo y Montero sobre la “ley trans” puede dar pistas … o no.

Sobre las pensiones está claro que la verdadera reforma -la que hace falta y que debe contener “velis nolis” medidas impopulares- se dejará para después de las elecciones ante los campos de minas que se han apresurado a plantar los sindicatos y el permanente estado preelectoral en que vivirá a partir de ahora este Gobierno de coalición. A corto plazo todo se limitará a un tirón de orejas al metepatas Escrivá por haber contado la verdad de manera tan inoportuna y repetidos desmentidos del Gobierno sobre cualquier intención de recortar las pensiones futuras o alargar la edad legal de jubilación.

Tanto en mercado de trabajo como en pensiones, el otoño se empleará en continuar salmodiando la importancia del diálogo social -que se invocará y se sacará de procesión a la manera que se paseaba a los Santos en épocas de sequía- y seguir mareando la perdiz todo lo que haga falta.

El único problema será seguir engañando un par de años a Bruselas, pero para esto se tiene ya mucha práctica y, en cualquier caso, será más fácil que arriesgarse a perder el voto de jubilados y babyboomers, colectivos ambos que representan muchos votos. Muchos.

Entretanto se entretendrá al personal con el juego de las sillas musicales en el Consejo de Ministros (y Ministras) que siempre tiene mucho éxito de crítica y público.

Mientras siga llegando el maná europeo (Bruselas y Francfort) todo podrá aguantar. El problema es que la Merkel se retira en otoño y parece que de Alemania y los países del norte van a soplar de nuevo vientos de frugalidad y de rigor presupuestario.

Se anuncian malos tiempos para la lírica. Veremos…

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