EL EJE CÍVICO DE NUREDDUNA, UNA NECESIDAD INELUDIBLE

JESÚS MANUEL GRANADO

 

 

En este país estamos acostumbrados a que cuando se inician grandes proyectos de redefinición de espacios urbanos estos vayan acompañados de electoralismo político en el mejor de los casos, o algún negocio no muy transparente en el peor. De ello se deriva que cuando Jose Hila anunció su intención de cumplir con la promesa electoral de peatonalizar Nuredduna, muchos acogieron la noticia con tanto interés como inquietud. Pero al margen de las polémicas generadas por interpretaciones malintencionadas, y de los obstáculos generados por ciertos colectivos para impedir que el proyecto salga adelante, la realidad es que el eje cívico acontece una necesidad ineludible para un barrio con una de las mayores tasas de densidad de población de toda la comunidad autónoma, y que a su vez encabeza las listas de barrios con mayores carencias en servicios y espacios de descongestión social.

Quizá la característica que mejor define a la barriada de Pere Garau es el contraste. Si analizamos de forma rápida y simple su población podemos ver que sirve de hogar y barrio de referencia para distintas comunidades y culturas, algunas muy numerosas como la china o la musulmán; que conviven puerta con puerta con vecinos cuya historia vital está ligada a la zona desde hace generaciones. Una variedad social enorme que enriquece y nutre al barrio, y que conforma una población muy diversa en opiniones; que a menudo algunas plataformas vecinales actuales no terminan de representar en todo su esplendor. De la misma manera el paisaje arquitectónico marca diferencias formales que saltan a la vista, fusionando grandes bloques de pisos construidos en los sesenta con plantas bajas y casas, levantadas cuando Palma empezaba a expandirse extramuros. No obstante si existe un elemento reseñable que no varía es la homogeneidad que se percibe en cuanto a su diseño urbano. Las calles siguen el patrón de las famosas cuadrículas de viviendas consecutivas, que se pusieron de moda en el siglo XIX y gran parte del XX. Dibujando un mapa de calles que se cruzan infinitas más allá del barrio, extendiéndose hasta la vía de cintura, y que siempre priman al coche frente al peatón.

En la práctica la plaça Pere Garau, o la plaça Garcia Orell quizá sean las únicas zonas comunes en las que la ciudadanía puede acceder a un espacio abierto exclusivo para viandantes. Pero no olvidemos, la primera está estrictamente diseñada para el uso comercial, sin atender a las necesidades de ocio o sociabilización; y la segunda situada en una de las zonas con mayor densidad de tráfico, que la sumerge en el ruido y la presión de los vehículos que la rodean. A pesar de todo Pere Garau es probablemente uno de los barrios más variopintos y anecdóticos, y con ello también interesantes, que encontraremos en una ciudad con cierta tendencia a la homogeneidad. Un barrio que sin duda ansía un espacio común, adaptado, y de calidad, frente al hormigón, el asfalto, y el coche. Y que a su vez suponga un punto de encuentro y contacto entre la diversa población que en él habita.

Evidentemente tener en cuenta una realidad tan compleja como la de Pere Garau suma dificultad a cualquier decisión que se tome pensando en reorganizar su espacio público. A pesar de ello, la que implica levantar el eje de Nuredduna seguramente haya sido la más adecuada y resultará la más eficiente. Porqué por primera vez dotará al vecindario de un espacio social en el que se vivirán situaciones cotidianas de contacto que implicarán a losdiferentes agentes que en él conviven. Es utópico y reduccionista pensar que un eje cívico, o cualquier otro espacio público, puedan generar por sí solos un tejido de barrio que tienda puentes entre una población muy diversa; pero sí que es evidente que si en un barrio como este se genera un espacio alternativo, en el que rebajar la tensión ambiental que produce el paisaje monotemático, la gente lo usará de muy buen gusto. Permitiendo que el fluir social, en un espacio determinado y con uso específicamente diseñado, genere situaciones de encuentro y relación social en mayor o menor medida.

Durante el pasado confinamiento fuimos conscientes de las carencias que alberga el espacio en el que desarrollamos nuestras vidas. Tanto en la esfera privada, dándonos cuenta de que muchas casas no estaban preparadas para ser habitadas de forma ininterrumpida durante meses, al igual que en la esfera pública donde las aglomeraciones producidas en zonas como el Passeig del Molinar, o el Passegi Marítim nos mostraron que quizá Palma aún tiene mucho recorrido que hacer en la mejora de sus espacios. A estas alturas, teniendo en cuenta las peculiaridades del barrio, y la perspectiva general de la ciudad, la apuesta por el eje de Nuredduna no debería sino parecernos un logro para la ciudad; y debería significar el primer paso hacia un modelo urbano que priorice a la ciudadanía.

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