EL FASCISMO ESPAÑOL, TAN PIJO Y CLASISTA COMO SIEMPRE (III)

SERGIO GIMÉNEZ

 

 

RAMIRO LEDESMA ABANDONA FE-JONS

Los acontecimientos revolucionarios de Octubre (1934) sacudieron los cimientos de la II República de tal manera que hasta bien entrado 1935 no se recuperará la normalidad constitucional. Para FE-JONS el resultado no pudo ser más desalentador, pues a cambio de la colaboración con el Gobierno que había costado seis muertos entre sus filas, a finales de año acabó sufriendo la represión del régimen: suspensión de publicaciones, cierre de casi todos sus centros y persecución de los raquíticos sindicatos de la Central Obrera Nacional-Sindicalista (CONS).

Por otro lado, la formación fascista rechazó adherirse a las derechas radicalizadas o fascistizadas del Bloque Nacional de José Calvo Sotelo (1896-1936), una entidad suprapartidista creada en noviembre de 1934 que aglutinaba a monárquicos alfonsinos, parte del carlismo y los albiñanistas. Se cerraban así las dos vías por las que los fascismos europeos habían alcanzado el poder: el pacto con los conservadores y la base popular.

En este ambiente no tardaron en llegar nuevas divisiones internas y la ruptura definitiva con los monárquicos. En primer lugar, el Marqués de la Eliseda encontró la excusa para abandonar el partido en el apartado 25 de los 27 Puntos Programáticos de FE-JONS, programa político aprobado finalmente el día 30 de noviembre, que establecía la no injerencia de la Iglesia en cualquier asunto “que menoscabe la dignidad del Estado o la integridad nacional”. La verdad, no obstante, es que el criterio no difería demasiado de los puntos originales del movimiento.[1] A él le siguieron Ricardo Rada, Luis Arredondo, Manuel Groizard, Emilio Rodríguez Tarduchy y otros jerarcas de las milicias, que se pasaron al Bloque Nacional junto a 2 ó 3.000 falangistas.

Más significativo fue el intento de escisión de la pretendida “ala izquierda” de Ramiro Ledesma para reflotar las antiguas JONS. Decimos ‘pretendida’ porque Ledesma, contrario tanto al liderazgo de Primo de Rivera cuanto al rumbo que estaba tomando la organización, sí vio la oportunidad táctica de arrimarse a las derechas radicalizadas e integrase en el Bloque Nacional para no quedar aislados. José Antonio lo expulsó en un movimiento anticipatorio, logrando así que sólo arrastrara a una minoría de incondicionales, entre ellos  Nicasio Álvarez de Sotomayor, antiguo militante destacado del Sindicato de Sanidad de la CNT madrileña, presidente del Ateneo de Divulgación Social y secretario de la Federación local de Madrid que se pasó a las JONS en otoño de 1933, y que tuvo un papel destacado en la creación de la CONS.

Lo más chusco, sin embargo, fue ventilar la disputa en la prensa, donde aparecieron críticas y acusaciones mutuas de recibir favores y dinero de sectores privilegiados.[5] En el diario madrileño ABC del 15 de enero de 1935 se publicaron los comunicados de las dos facciones enfrentadas. Mientras los jonsistas disidentes insistían en afianzar con la escisión “el carácter nacional-sindicalista revolucionario que nos ha distinguido siempre y que incorporamos a Falange Española cuando hicimos la fusión que hoy declaramos rota”, FE-JONS aseguraba lo siguiente:

Se sanciona con esta medida [expulsión] su constante conducta de indisciplina y conspiración contra la unidad del movimiento y sus infatigables negociaciones encaminadas a granjearse la protección de grupos políticos diametralmente opuestos al sentido revolucionario nacional-sindicalista. Esta denominación, con la que Ledesma y Sotomayor han venido pretendiendo captar a las masas obreras, les ha servido, no se sabe cómo, para solicitar las protecciones menos revolucionarias de España.

Tres días más tarde, Ledesma y Sotomayor respondían así en otro diario madrileño:

Primo de Rivera utiliza una palabrería demagógica; pero son notorios sus relaciones con la alta Banca y los grandes terratenientes andaluces. A la vez que dice querer la revolución nacional-sindicalista pide dinero a los directores de los Bancos y a los grandes terratenientes.

Y el colofón vendrá en otro artículo despiadado escrito por José Antonio, titulado Arte de identificar “revolucionarios”:

Quienquiera se tropiece con un feroz revolucionario –o gevolucionario según dicen algunos guturalizando la r–, con uno de esos revolucionarios tan feroces, tan feroces, que juzgan falsos revolucionarios a todos los demás, debe plantearse a sí mismo, como tema de investigación instructiva, la pregunta siguiente: ¿De qué vive este sujeto?

Porque hay tremebundos revolucionarios que ganan, por ejemplo, en una oficina pública 450 pesetas al mes y que gastan dos o tres mil entre viajes, alojamiento independiente, invitaciones a cenar y salario de tres pistoleros en automóvil para protección de sus preciosas vidas.

Si alguien se obstina en averiguar de qué manera los tales revolucionarios repiten con sus parvos ingresos el milagro de los panes y los peces, no tardará en descubrir como fuente secreta de tales dispendios la mayordomía de algunos millonarios archiconservadores, o ciertos fondos estables dedicados a la retribución de confidentes. O las dos cosas, que de todo hay en la viña del Señor.

Esta abyección inicial aceptada por el pobre revolucionario matiza todos sus gestos y actividades. Unos y otros acaban por adoptar el color de la estafa: desde la afirmación de poseer secretos comprometedores hasta las alocuciones ingenuas, en letras de molde, dirigidas a imaginarias masas cuya simpática escasez permitiría de sobra la celebración de juntas generales en las plataformas de un tranvía.

Esto de que un individuo tenga que vender su cualidad de persona decente a cambio de unos cochinos duros (duros, ¡ay!, que sólo recibirá mientras su abyección convenga a los amos), es, aunque triste, un corriente episodio individual. Pero ya es peor que el tal individuo, para devengar su salario, tenga que jugar con la crédula desesperación de unos pobres obreros a los que promete redimir. O que se dedique a injuriar a quienes, con sacrificio serio de posiciones, ventajas, tranquilidad y afectos, llevan adelante la durísima tarea de alistar y curtir en la abnegación a una magnífica juventud patria.

Que este movimiento pujante ponga en zozobra a los fabricantes de falsos patriotismos y estados corporativos fiambres no tiene nada de particular; pero que al servicio de esos fabricantes haya tipos de revolucionarios afectadamente mal vestidos y sucios, con la boca llena de demagogias corajudas, es una inmundicia. Las agrupaciones sanas eliminan esa inmundicia normalmente, sin aspaviento ni sorpresa.

EL “GIRO A LA IZQUIERDA” DE FE-JONS

Lejos de enterrar a FE-JONS, y a pesar del descenso de afiliaciones a final de año, los abandonos monárquicos y jonsistas supusieron un refuerzo del liderazgo del Jefe nacional y mayor cohesión interna.  La gran ironía es que, a partir de entonces, José Antonio:

(…) insistió, con más vigor que nunca, en las consignas propias del jonsismo, haciéndose intérprete de ellas y su mejor propagador. En algunas intervenciones parlamentarias, y en otros discursos, acentuó su carácter antirreaccionario y juvenil. De ese modo logró, innegablemente, que sus grupos se moviesen en una órbita más fecunda que la indicada por él mismo otras veces.

Si en 1934 FE-JONS había eliminado la palabra ‘fascista’ de su propaganda, en 1935 hará lo mismo con ‘totalitarismo’. Para el historiador Manuel Penella, este viraje tuvo como causa la necesidad táctica de aproximarse a los jóvenes miembros del SEU,[10] el sector más juvenil y numeroso entre la escasa militancia falangista. Bien pudiera ser así, pues en todos los fascismos europeos fue necesario mantener una base radical porque era la principal fuente de poder independiente frente a las viejas élites.Sin perjuicio de ello, la causa principal de la intensificación del discurso social es, a nuestro entender, que el propio José Antonio se convirtió en ese momento en el financiador más importante del partido, logrando así mayor independencia a cambio de estrechez económica. Conviene recordar, además, que la radicalización del discurso de José Antonio fue progresiva y continua, con un tímido “giro a la izquierda” ya a finales de 1934, cuando seguía siendo conveniente diferenciarse de las derechas fascistoides; sin olvidar que durante los primeros meses de 1935, aunque acuda a hablar algunas grandes ciudades, la mayoría de actos de propaganda del líder falangista tendrán lugar en pequeñas poblaciones rurales ante pequeños propietarios y aparceros (no propietarios), a quienes cabalmente iban dirigidas las alocuciones.

En efecto, el día 17 de febrero dijo en el cine Alhambra de Zaragoza que el fascismo no había llegado a cuajar y “la vida futura de España ha de basarse en los Municipios y en los Sindicatos, pues el Corporativismo es una solución tímida y nada revolucionaria”. Como respuesta a este discurso más social, aparte los reproches del Marqués de la Eliseda, en los diarios La Época y ABC aparecieron críticas a FE-JONS en que se la tilda, respectivamente, de ser un partido izquierdista y de intentar atraerse las simpatías en las filas revolucionarias. En respuesta, Primo de Rivera atacaba a la CEDA de Gil Robles y, en especial, al Bloque Nacional, a cuyo líder había impedido meses antes el ingreso en la Falange no tanto por diferencias políticas cuanto por una antipatía personal que venía de la época de la Dictadura de su padre. Más adelante, en marzo, les hizo otra dura crítica en un artículo de prensa falangista titulado “España Estancada”. Y el 9 de abril aconteció el famoso discurso del Círculo de la Unión Mercantil de Madrid, titulado “Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo”, donde afirmó que el corporativismo era otro “buñuelo de viento” en tanto “(…) mantiene hasta ahora intacta la relación del trabajo en los términos en que la configura la economía capitalista; subsiste la posición del que da el trabajo y la posición del que arrienda su trabajo para vivir”.

Pero cuando más se acentuó la radicalización fue al aparecer un nuevo apoderado: Benito Mussolini. Entre junio de 1935 y febrero del año siguiente, FE-JONS recibió 50.000 liras mensuales (reduciéndose a la mitad hasta junio de 1936), las cuales eran recogidas personalmente por José Antonio en la embajada italiana en París cada dos meses. Esta independencia económica respecto de los monárquicos hizo posible profundizar el discurso obrerista; es decir, José Antonio se aproximó más a los postulados socializantes del fascismo originario, aunque buscando soluciones propias. Continuó con la propuesta de medidas reformistas destinadas a elevar el nivel de vida de los trabajadores (seguros, funerales dignos, ayudas al campo, creación de las Casas de España para la ayuda a obreros emigrados en el extranjero, etc.), pero a partir de ese momento el giro dialéctico se percibe más claramente, con dos grandes hitos representados por los discursos en el cine Madrid: el primero el 19 de mayo, conocido como “Discurso sobre la Revolución española”, y el segundo en noviembre, en la clausura del II Consejo Nacional de FE-JONS.

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