EL FUTURO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS

ANTONI TARABINI

 

El contenido de estas líneas ha surgido de un dossier publicado en un diario relevante de tirada nacional titulado “El futuro después del Corona Virus”, que incluía sesenta monografías de expertos y pensadores de reconocida valía. En mis habituales colaboraciones semanales me he referido prioritariamente al futuro socioeconómico; hoy cambio de chip y acudo a múltiples y diversas realidades vivas y coleando con raíces  comunes.

Quizás empiecen a acercarse los días en que tenemos que pensar en el futuro. Todavía doloridos por lo que estamos malviviendo, no podemos quedarnos parados ante la catástrofe, ni seguir lamentándonos mientras nos lamemos las heridas buscando culpables. Cada día puede ser peor que el anterior, pero podemos salir exitosos. Por eso, empiezo a plantear ideas y actitudes que deben cambiar para hacer frente a los diversos imputs de la postpandemia.

 Tenemos la oportunidad y la necesidad de reconvertir nuestro modelo productivo basado en una actividad intensa de servicios, concretada en un turismo estacional y  masivo. Ha llegado el momento de diversificar nuestra economía.  Impulsar sectores como las energías renovables, la industria verde, el reciclaje o la gestión y cuidado de nuestros espacios protegidos, pueden servir para generar empleo “diverso” de la actual super dependencia del turismo.

Esta crisis ha puesto de manifiesto que no puede derivarse toda la producción a otros continentes, porque nos deja en una posición de extrema debilidad. Se acabó el todo “made in china". Es necesario recuperar la producción de  bienes.No se trata de una autosuficiencia obsoleta, sino de mantener una capacidad de producción suficiente. De una nueva reindustrializacion, pero en verde.

Recuperar nuestro medio rural. La economía circular, la capacidad de producción de alimentos ésta siendo clave precisamente ahora. Recuperar nuestro sector primario, y poner en valor el objetivo de la soberanía alimentaria. El circuito puede incluir multitud de bienes y servicios “propios”,

A su vez es necesario recuperar el valor de lo público. La crisis del coronavirus ha arrancado un consenso, impensable hace escaso tiempo, alrededor de lo público.  Se acabó machacar la sanidad pública, que se ha alzado como un escudo que ha defendido a nuestra sociedad frente a la pandemia. Poner en valor los cuidados (en especial de nuestros mayores, pero no sólo). Ha quedado en evidencia que los cuidados de los más débiles necesitan de una mayor dotación de recursos humanos y económicos, y ahí también hay un enorme yacimiento de empleo. Si pretendemos poner en valor nuestro producto turístico es indispensable la potenciación de la formación personal y profesional (FP y Estudios Superiores). Así como incidir en el desarrollo de implantación de las Nuevas Tecnologías y de I+D+I.

La próxima pandemia es la crisis climática. La lucha contra el cambio climático debe ser una prioridad, y no una víctima de esta crisis. Nadie podrá decir que no estábamos avisados: la comunidad científica es unánime en la exigencia de medidas drásticas para hacer frente a la otra gran emergencia, la climática.

Hemos comprobado que es posible reducir las emisiones de gases a escala global y en muy poco tiempo. Podemos vivir contaminando menos. El reto ahora es hacerlo manteniendo el empleo y la actividad económica. Una lección importante es que conservar la biodiversidad es la mejor garantía para evitar nuevas pandemias. Proteger el bosque, especialmente tropical, y perseguir el tráfico de animales se han convertido en políticas de salud pública, y no sólo en demandas ecologistas. Reducir la movilidad para respirar mejor. Hemos comprobado también cuantas cosas pueden hacerse online, sin necesidad de movernos tanto.

Ha concluido la COP 26 en Glasgow. Queda por ver si las palabras grandilocuentes se convierten en hechos. Es la última esperanza para detener lo inevitable: una catástrofe ambiental, económica, social y política. Afectará a todo el mundo, pues ningún país está exento de padecer los efectos del calentamiento global. Ya los sufrimos y son cada vez extremos: mayor número de huracanes, deshielos agresivos, extensas e intensas sequías, incendios devastadores. Todo ello consecuencia de la incesante “devoradora actividad” humana.

Pero cuidado que el árbol no nos deje ver el bosque: la imprescindible Reactivación y Transformación Económica y social a corto, medio y largo plazo. Léase el inicio de una “nueva” normalidad, que no suponga (o no debería suponer) el regreso al modelo económico basado en un casi “un monocultivo turismo que no tiene ni presente ni futuro”, que nos hace vulnerables, además de insostenibles.

Hay que repensar Europa, dejando atrás los días de las políticas neoliberales. La Unión Europea sólo tendrá futuro si afronta una transformación hacia políticas solidarias entre sus miembros, y mucho más sociales y ecologistas. Nos gusta Europa, pero la queremos diferente.

Utilitzem cookies pròpies i de tercers per millorar l'experiència de navegació.
En continuar amb la navegació entenem que acceptes la nostra política de cookies.