“EL MAÑANA EFÍMERO”

MIQUEL PASCUAL

 

La España de charanga y pandereta,/cerrado y sacristía,

devota de Frascuelo y de María,/de espíritu burlón y de alma quieta,

ha de tener su mármol y su día,/su infalible mañana y su poeta...

Esa España inferior que ora y bosteza,/vieja y tahúr, zaragatera y triste;

esa España inferior que ora y embiste,/cuando se digna usar de la cabeza,

aún tendrá luengo parto de varones/ amantes de sagradas tradiciones

y de sagradas formas y maneras;/ florecerán las barbas apostólicas,

y otras calvas en otras calaveras/ brillarán, venerables y católicas...

En vano ayer engendrará un mañana/ vacío y por ventura pasajero…

Mas otra España nace,/ la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace/ del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,/ España que alborea

con un hacha en la mano vengadora,/ España de la rabia y de la idea.

 

De “El mañana efímero”, de Antonio Machado, uno de los poemas incluidos en su libro más destacado, “Campos de Castilla”, (el que esté interesado en leer todo el poema que lo busque y se deleite), uno de sus poemas más emblemáticos en el que denuncia encolerizado la descomposición de la patria, el atraso moral e intelectual de la sociedad de su tiempo, la secular decadencia de la que ni siquiera es consciente, como tampoco lo es de su descomposición.

Es el Machado de la madurez, comprometido con su tiempo, el que ya empieza a hablar de las dos Españas que han de helarte el corazón, que abomina de la España tradicional que se aferra al pasado y a que nada cambie y que impulsa la joven España “implacable y redentora” que nos saque de ese letargo.

El poema es de finales del año 1913, pero podría trasladarse a otros muchos años nuestros posteriores, a tiempos incluso recientes, a hoy mismo, porque esa España que “ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza” aun sigue existiendo.

Ian Keith Gibson Ritchie, más conocido por Ian Gibson, hispanista de origen irlandés y nacionalizado español desde el año 1984 ha dicho que Antonio Machado, en el fondo, creía que un pueblo capaz de generar, a través de toda su historia, tan indiscutible energía podría cobrar una nueva pujanza, un nuevo vigor.  No se ha cumplido ni el deseo ni el designio del poeta de que la España “de la rabia y de la idea” la borre y la transforme, a pesar de las muchas fuerzas que luchamos, y con mucho esfuerzo, por un futuro mejor para nuestros hijos, porque tenemos que perder parte de nuestra energía en lidiar contra “La España de charanga y pandereta,/cerrado y sacristía”,

Machado fue un revolucionario, un pacifista de corazón que odiaba la violencia. Él creía en una España digna, capaz, culta, moderna y europea, y no en ese país mediocre, ineficaz, baldío y víctima del desprestigio de las instituciones en el que le tocó vivir y en el que, aun en el día de hoy, gran parte de la clase política actual añora y sigue empeñada en que vivamos.

Amaba a España sin alardes patrioteros como los que ahora salen a la calle con la bandera en las manos. Quería a España, quería a un País que anhelaba cultura, modernidad, un País que acabó sucumbiendo ante las fuerzas reaccionarias y roto por la guerra que le empujó al exilio, al tranquilo y hermoso pueblo de pescadores  de Collioure en el sur de Francia, en donde murió y está enterrado y cuya sepultura yo ya he visitado cuatro veces. ¿Capisci?

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