El Papa ya no sonríe

JUDES MORENO

 

El Papa Francisco ha regresado al Vaticano después de participar en el Encuentro Mundial de las Familias que hace unos días se celebró en Dublín. El Papa Francisco no ha sonreído como lo hacían sus predecesores, y él mismo, en otras ocasiones. El Papa Francisco ha vivido las Jornadas abrumado por los escándalos de pederastia del clero aireados últimamente.

El Papa Francisco afronta con vergüenza los escándalos, no por el bochorno, o más que bochorno, que comportan, sino por el sufrimiento de los niños y niñas que han padecido los acosos por parte de personas consagradas. Los indefensos se han encontrado solos y sus vidas están estigmatizadas y rotas desde sus inicios.

El Papa Francisco no esconde la cabeza ni se refugia en una torre de cristal, afronta la parte de responsabilidad que le corresponde y pone los medios que están en sus manos para evitar que se repitan dolores y sufrimientos traumatizantes entre niños y adolescentes.

Si hay que amputar se amputa.

Pero hay que ayudar a cicatrizar heridas, al tiempo se evitan causarlas.

El Papa Francisco no sonríe, pero se esfuerza en evitar nuevas heridas y en curar y regenerar las ya sufridas.

No será tarea fácil y requerirá de tiempo y paciencia, pero también de implicación de todos los católicos.

Oración y penitencia. También más Evangelio y exigencia personal y eclesial de los creyentes.

Es el momento de reflexión para todos los bautizados y constatar nuestra vivencia evangélica. Cuando se amputa un miembro todo el cuerpo se resiente, cuando un miembro sufre es todo el cuerpo quien padece. Toda la Iglesia tenemos que reaccionar para combatir cualquier dolor y sufrimiento, para acudir en socorro de los que sufren. Por desgracia hay muchas fuentes de dolor y sufrimiento en la Iglesia, en la sociedad y en la humanidad toda.

Niños, jóvenes, adultos, mayores padecen, hoy en día y en presente, por muchas causas injustas que les impiden vivir, sobrevivir, realizarse como personas.

Nadie puede echar la primera piedra, ni la segunda, ni ninguna piedra…pero todos podemos aportar nuestra piedra para construir una sociedad más justa, más humana, más feliz. Eso es lo que nos dice el Papa Francisco en sus escritos y homilías sintiéndose responsable de la parcela católica de la humanidad, aunque ahora no sonría.

 

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