EL SUICIDIO EN LA FRANJA MÁS VULNERABLE DE NUESTRA SOCIEDAD (NIÑOS Y ADOLESCENTES).

MANUEL RASTOLL

Pronto hará dos años que la pandemia oficialmente apareció entre nosotros. Todo se paralizó. Y llegó la alternativa: salud o economía. Esta  ha sido la base de la lucha política. Hablamos del paro, de los contagios, de los muertos, de las colas del hambre. No, de este tema, el tema del suicidio de los adolescentes y niños.. Hasta hace unos meses poco se hablaba  de la salud mental de ellos. Y menos de los suicidios de esa franja tan vulnerable como era y es la niñez y la adolescencia. Es ahora  cuando los medios de comunicación nos hablan del suicidio. Netflix lanza una película sobre el tema. Y nos dicen que en el 2019 en España 75 de ellos de 10 a 19 años se habían suicidado. En los últimos 45 años, el suicidio había aumentado un 60 %. Y durante la pandemia la cifra  de suicidios ha aumentado  el 250%, de tal forma que a nivel mundial es la segunda causa de muerte en la franja de 15 a 21años y en España la primera. En Cataluña mueren el doble de jóvenes  por suicidio que por accidente de tráfico. También salen a la luz  las cifras de los adultos. Cada 40 segundos hay un suicidio, y en el 2020  hubo un millón y medio en el mundo. En España cada año se suicidan más de 3500 . (Ver cifras en  el último Gadesso 911; UNICEF; encuestas europeas de Francia, Reino Unido y España)

Todos sabemos que el suicidio ha acompañado al hombre durante toda su historia y que nos va a acompañar hasta el fin de los tiempos. El historiador y filósofo griego Plutarco de Queronea nos habla de una pandemia de suicidios de jóvenes en el año 67. Ha habido suicidios de todo tipo:  suicidio ritual, suicidio por vejez, suicidio de la esposa viuda, suicidio de honor, suicidio romántico ( efecto Verther), suicidio como grado máximo de libertad  y valor ( Sartre y los existencialistas) y los suicidios del Club de los  27 años..Jim Morrison y demás artistas y músicos.

A finales del siglo XIX  Willian Durkheim y Max Weber (jaula de hierro) nos dijeron, que los suicidios coincidían con periodos de convulsión de la sociedad y así aparece en los perfiles realizados en los estudios sociológicos de un periodo de  50 años, presentados en 1898 por el sociólogo Durkheim en su libro "El suicidio".Su error fue exagerar el aspecto de la imitación, que contribuyó mucho al hoy criticado silencio.

 Durante estos veinte meses de pandemia la sociedad está viviendo un periodo de convulsión, una tragedia a  la que no podía faltar el aumento del suicidio. Hemos guardado silencio por el estigma, que durante  siglos ha acompañado a esta conducta. La Biblia y las  tres religiones monoteístas lo han considerado como pecado  o insulto al creador.  ( Con excomunión en la edad media).Dejando para la historia las distintas visiones y actitudes frente al suicidio. En nuestro entorno, al suicida se le apartaba de los ritos religiosos y se le enterraba fuera del campo sacro en el pasado siglo XX. Ni el concilio Vaticano II dejó de condenarlo, ni los compendios de diagnóstico CIE-10 y DSM IV definieron claramente el suicidio como efecto de un trastorno mental o de un sufrimiento extremo del individuo. Este enfoque o concepto del suicidio ha  creado  ese tabú, que  ha ayudado muy poco a buscar soluciones. Se han distorsionado  las estadísticas haciéndolas poco  fiables. Lógicamente  eso, nos ha impedido  ver la dimensión del problema, las causas , los factores de riesgo, las pautas de tratamiento y la implicación de toda la comunidad. La sanidad pública y privada no ha creado las infraestructuras, que el aumento de casos requería . No se han impulsado los centros,  ni formado los especialistas, que necesitaban estas conductas y sus responsables o víctimas.

Hoy sabemos que la causa del aumento del suicidio  de los niños y adolescentes en estas fechas, está en la base de esta sociedad liberal y poco cohesionada. Por supuesto  y  en  la actual pandemia. Sabemos que en los niños y adolescentes se da este aumento de suicidios, debido a la fragilidad de su cerebro (mente) y de sus estructuras en esta etapa de desarrollo del ciclo vital del individuo.

Decimos sociedad enloquecida a una sociedad de consumo, a un neoliberalismo, que impone la libertad como el valor supremo  frente a la solidaridad. Que discurre por tiempos, estilos y formatos incompatibles con los parámetros de una buena educación.  La mentira y el chanchullo y no el esfuerzo honrado, es para muchos la estrategia a seguir como  objetivo para el triunfo.

El niño y adolescente necesitan una sociedad más solidaria. Una sociedad más coesionada en la que se prioricen los sistemas de salud y educación, como sólidos fundamentos del bienestar común. Una sociedad sin  recortes en estas áreas.  Cuando llegó la pandemia, vimos sus acumuladas carencias, efecto de los repetidos recortes. Por otra parte, el niño y el adolescente han vivido un aislamiento social, cuando su cuerpo les pedía relación con los iguales . Han vivido las muertes de su entorno, el miedo al contagio, el paro, la bajada de sueldos de sus padres y el hambre  de ellos y de muchas familias. Esto les ha afectado sin duda. La calle, los choques  en muchos hogares, los abusos, las agresiones homófobas, los crímenes parentales y vicarios, las discusiones y broncas políticas , toda esta mezcla de actitudes y comportamientos han llegado también a sus vidas. Han llegado a ellos, unos individuos en plena evolución de su personalidad  (de niño a mayor) y con unas necesidades fundamentales de afectividad, equilibrio y socialización.  Esto  les ha dejado  huellas, desajustes emocionales.  Las denuncias de las asociaciones de pediatría, la UNICEF, la plataforma de psiquiatría y psicología de la infancia y de la adolescencia nos los están mostrando. Estas instituciones están viendo desde otoño un incremento de solicitaciones y urgencias por problemas de ansiedad, depresión, insomnio, miedos , trastornos obsesivos-compulsivos,  ansiedad y pánico causados por bullying y ciberbullying en internet o redes  sociales, somatizaciones varias, autolesiones, ideación e intentos autolíticos. Nos están hablando de los comentarios de muerte, de sus quejidos, de sus frases :" yo no cuento nada"... "mis padres estarían mejor sin mi".. frases que forman parte de los desajustes emocionales previos al suicidio. Son estos factores de riesgo  a los que estamos llamados todos a vigilar.

Durante los últimos años yo no he tenido contacto directo con esos niños y adolescentes  por las condiciones del confinamiento y por mi condición de jubilado. He tenido que acudir a la información mediática. Sin embargo,  hace unos años, en mi  vida laboral de psicólogo clínico, he visto muchos de esos desajustes emocionales en muchos de mis pacientes y contactos. También he vivido la experiencia del suicidio de media docena de personas que ya no viven, pero que en su momento me marcaron profundamente por el estrecho contacto físico y emocional, que había mantenido con ellos.  Tres mujeres y tres hombres. Cuatro pacientes de mi consulta y dos con una cercanía importante.Todos  relativamente jóvenes. Confieso que no ví en ninguno de los  casos, señales unívocas, que me hiciesen sospechar en un  suicidio inminente. Resulta difícil verlo, cuando vivimos con el error de que pueden ser llamadas de atención propias de la edad. Difícil verlo cuando nos refugiamos en la excusa inconsciente de la huida, por la enorme responsabilidad a la que compromete un posible suicida . También la falta de formación específica puede ser la otra causa de nuestro no acierto. Con el único propósito de reflexionar con vosotros voy a describir algunos de los casos en que el suicidio me miró cara a cara. A los 7 años yo y uno de mis hermanos nos adentramos una mañana en un pinar, que había cerca de la huerta de mis padres. Nos encontramos allí  un hombre colgado de un pino. Esta fue mi primera imagen del suicidio, que en ese momento no comprendí. Llegaron unos hombres  y a nosotros nos alejaron de allí. Aquella imagen me acompaño siempre,  poco me informaron de aquel hecho. Con los años pude comprenderla. Ahora quiero hablaros sin detalles de los casos de mi experiencia como profesional de la psicología.  La depresión es la primera causa, que aparece y solo dos tipos de muerte: drogas y cuerda.El primer caso fue una mujer de unos 35 años, no era paciente. Fue la primera persona que venía a casa a ayudarnos en las tareas de casa unas horas a la semana .Mi trato con ella fue muy reducido. Yo tenía jornada de trabajo mañana y tarde. La recuerdo como una mujer triste. Conocimos a sus niños durante una Navidad. Nos dijo un día que una de nuestras vecinas era compañera de colegio. Noté fustración en su comentario .  Dos años después de haberse ido de casa, nos enteramos que se había suicidado. Suicidio planificado. Juntó a toda la familia un domingo para invitarles a una comida. Dio la razón de que apenas se veían. El lunes por la madrugada apareció muerta  dentro de su coche cerca del cementerio con una carta de despedida. El segundo caso fue un compañero de trabajo de unos 30 años . Yo era psicólogo de la empresa. Teníamos trato frecuente e incluso amistad. Me contaba sus problemas. Tenía una hija. Se había separado. . Un viernes sin previo aviso se presentó en mi despacho.  Que los fines de semana ya no iba a entrenar al grupo de ciclistas de la Once. Hablamos de otras alternativas. Le hablé de las excursiones , de un posible huerto en el terreno que tenía detrás de su casa , se sentía solo, me contó su estancia en el hospital por una muela infectada y se marchó.. Tres días después, un lunes no fue al trabajo, no respondía a las llamadas. Fueron a ver qué le pasaba. Abrieron la puerta y lo encontraron muerto. Utilizó una cuerda. Contaron sus compañeros después de su muerte, que en la semana de antes, había estado raro y les decía que iba a dejar el trabsjo y otras frases incoherentes. Estaba algo deprimido. Consumía como tantos jóvenes la típica hierba o maría.

 En su visita quiso decirme algo o despedirse. No supe verlo ni hacerle las preguntas adecuadas. Suicidio planificado. Unos días antes fue a ver a su hija al pueblo donde vivía con su madre.

 El tercer caso es de una joven de apenas 18 años paciente mía por sus problemas de visión. Era una persona alegre, tenía un amigo extranjero, me hablaba de él con regocijo. Durante dos años cada semana yo iba a verle al pueblo como apoyo a su aceptación de la ceguera.  Me recibía con mucha alegría. En los últimos tiempos estaba más animada. Durante unas semanas no pude ir a verla.

Ella sabía el motivo. Trabajo urgente de selección de vendedores del cupón en la sede de Palma. Era en noviembre , recuerdo, la madre nos comunica el suicidio de su hija.  Esto me marcó mucho. A raíz de este hecho fui a Barcelona a un curso que  daban sobre el tema. Hablé largamente con el director del curso y me dijo que es muy difícil dar con las claves previas a un suicidio. Y que a veces como en este caso cuando parece que están remontando la depresión , es cuando toman fuerza para cometer la acción. El tercer caso es de una mujer de 30 años. Vino a mi consulta con  su niño y su marido. Estaba preocupada de la conducta de su hijo de 6 años. Noté en su cara la tristeza y los rasgos de depresión. Ella tenía una tienda y su marido tenía un buen trabajo. Hablamos del niño y les sugerí que me gustaría hablar con ella. Quedamos para el próximo miércoles. Llegada la fecha aparece el marido y me cuenta que tres días después de la visita se la encontró en la tienda que regentaba,  muerta. Suicidio. Solo pude ver en esa primera visita una cara de dolor y sufrimiento, las señales de una depresión. Los otros dos casos son un joven de apenas 20 años debido a un problema físico, ceguera por glaucoma y otro de 37, músico de vocación y con una serie de creaciones musicales y Conciertos en entornos juveniles de distintas ciudades. Vivía en el mismo bloque, que su madre. En el segundo piso. Recuerdo que su madre nos decía que no sabía porqué se había suicidado. Era una familia de posibles. Un día no bajó a desayunar. Estaba sonando la música sin parar.

Esperaron hasta la tarde.  No contestaba al teléfono, ni tampoco a las llamadas a la puerta. Cuando  entraron a verle. Estaba en la cama y tenía puesta desde la noche anterior su música programada para sonar ininterrumpidamente. Su hermana le había acompañado unos días antes a la visita de un neurólogo.  Había recibido un diagnóstico,  que él pudo considerar  incompatible con el ejercicio de las manos para un músico y compositor como él.  .

Recuerdo que en el curso a que asistí en Barcelona el director del mismo me decía que el suicidio puede darse por muchas causas y que resulta  a veces poco  detectable.. 

No obstante hay una serie de factores de riesgo que pueden ayudarnos  en esa tarea de prevención. Toda la sociedad debería ser el radar que detectase los desajustes emocionales, estos factores de riesgo en los otros y dar apoyo. Recuerdo algunos de ellos como la pérdida de algo importante para la persona: muerte de un ser querido, la separación de los padres, la ruptura  de un amigo/a..

Otro de los elementos a tener en cuenta son los trastornos psicológicos o mentales como ansiedad, estrés, depresión, anorexia, esquizofrenia, trastorno bipolar.... Otro de los factores riesgo es el consumo de alcohol o drogas o la tenencia de armas. Los intentos de suicidio no son llamadas de atención, son algo más y sobre todo si hay una historia familiar de suicidios. Actualmente son frecuentes los casos de suicidio por acoso escolar,  por bullying o civerbullying . Internet y las redes sociales pueden ser un arma cargada. Atención.

 La violencia doméstica, y los abusos sexuales son otra fuente a tener en cuenta.

El fracaso escolar y la crítica abrumadora en casa puede ser la puerta que se cierre y se abra a un fracaso mayor.

 Una de las  característica de nuestros días son las prisas  y los nervios. Tal vez con algo más de tranquilidad podríamos ver la tristeza y la cara de dolor o sufrimiento de nuestros hijos. También con un mayor sosiego hubieramos escuchado las frases, que manifestaban una baja autoestima o  bajo autoconcepto antecedentes de muchas desgracias.

Tenemos que tener tiempo y espacio para observar el proceso de desarrollo de los niños y adolescentes . Y detectar principalmente la soledad y  las relaciones interpersonales poco fluidas de los hijos con los iguales   para no llegar tarde. Hoy en la juventud hay mucha desesperanza. El paro es una palabra que muy pronto ha llegado a su mente  y que está paralizando sus ilusiones y proyectos. La sensación de no tener salidas lo expresan por doquier. Necesitan esa mano que le dé confianza, ese apoyo incondicional de sus padres  y educadores. Hay que estar cerca de ellos acompañándoles día a dia con una actitud de escucha,  de interés por su mundo, su

 grupo de amigos,  su uso de las redes sociales, sus lecturas, sus intereses. Hay que oreguntarles qué piensan y sienten. Hacerlo con un tacto y afecto exquisitos, para que resulte para ellos un apoyo, y no una fiscalización. Mostrarnos empaticos y explicarles que les podemos ayudar y entender. Preguntar sin abrumar, dando tiempo a sus silencios y respuestas. Una forma inadecuada de tener este encuentro podría provocar un bloqueo, que lo apartaría de los padres. Ya hemos visto en los casos anteriores que un defecto físico o una enfermedad o un complejo pueden precipitarles al vacío. Hay que ganar tiempo, buscar especialistas que nos ayuden y le ayuden. Hacerles sentir que lo único que nos interesa es acompañarles, disminuir el sufrimiento y darles confianza y esperanza.

El frenar el suicidio de nuestros niños y adolescentes pasa por romper el silencio y derribar el muro del tabú, que tanto mal ha hecho. Ni morbo ni tabú. Aprender a hablar del tema del suicidio con un lenguaje claro y adecuado (no sé si es la palabra), que ayude a las actuales generaciones y a las futuras a buscar apoyos y soluciones. Nos hemos normalizado al hablar del cáncer, del sida , del sexo en toda su amplitud. Temas que fueron, en parte tabú, y que su espontaneidad en el lenguaje ha derivado en hitos de avance y salud. Hablemos con normalidad del suicidio, entendiendo la soledad y el sufrimiento que le preceden.

Finalmente es necesario que presionemos a los gobiernos a  ponerse las pilas. Es urgente. Necesitamos unos programas de prevención en los que estemos implicados todos. Es importante avanzar en el diseño y desarrollo de planes y programas  con los medios materiales y personales suficientes. Con una coordinación  de los especialistas de la salud , de los centros educativos y de las familias. Y todo ello, con un enfoque científico avalado por el gobierno, todo el arco parlamentario y todas las instituciones.

 

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