EUROPA, LA SALIDA HACIA ABAJO

ANDREU RUIZ

 

Bruselas propuso los anteriores días un fondo de recuperación de 1’85billones de euros, de los cuales 750.000 serían para recuperarse del duro golpe que ha causado el COVID-19. Los países del sur recibirán buena parte de esta cantidad al ser las zonas más afectadas por el impacto del coronavirus. Tras esta crisis, Europa se juega gran parte de su futuro, hay que recordar que dentro de todo esto también hay que hacer frente a la salida del brexit, que aunque parece que fue un acontecimiento lejano, la salida del Reino Unido aún debe de ser afrontada por las autoridades europeas.

El reto por tanto es grande. El masivo gasto público de los Estados europeos para no colapsar las económicas domésticas han hecho que los déficits públicos se vean fuertemente incrementados, ante esto parece acertada la decisión de la UE de conceder dinero a fondo perdido para así no apostar por más deuda en unas economías ya por si mermadas. La respuesta parece, a priori, una mejor decisión que la que se tuvo en la crisis del 2008. En ésta el gasto público no ha ido destinado a unas grandes esferas, grandes bancos y demás, sino que, por ejemplo en España, se irá a financiar tanto el gasto público causado por los masivos ERTEs y proyectos sociales tan ambiciosos y necesarios como el ingreso mínimo vital.

Escribía la semana pasada en un artículo en el diario.es el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, Josep Borrell, que Europa debe de dejar ese poder blando que la ha caracterizado desde su creación hasta nuestros días. Cambiar la idiosincrasia de lo que es la Unión Europea. Las tensiones geopolíticas mundiales entre Estados Unidos y China no pueden coger a una Europa titubeante y sin capacidad de influencia. Pero no solo es importante hacer frente a lo que sucede más allá de los Urales y el atlántico sino que más importante es tener controlados las fronteras internas.

El modelo europeo post Covid y post brexit dice Borrell tiene que ser una Europa más soberana, mas resiliente y con mayor capacidad de respuesta ante futuras crisis.

La economía dependiente del extranjero ha hecho que Europa sea un país importador, los intentos en el pasado para hacer una transición hacia una mayor autonomía económica han sido en el pasado muy flojos. Se intentó un titubeo por la economía circular, intentar aprovechar todos los materiales para reutilizarlos y no estar constantemente comprando en el exterior y así además dejando de crear desechos, uno de esos problemas medioambientales que también habrá que afrontar en un futuro cercano.

Mas allá de todos estos hechos, Europa debe de coger un camino por la apuesta de lo más social posible. El ABC de las crisis económicas cíclicas capitalistas nos ha enseñado que siempre traen consigo tensiones sociales. Ocurrió tras la crisis del 29, crisis del petróleo del 73, crisis del 2008 etc. Ésta, sin embargo, parece que no tiene ese carácter general de una crisis cíclica del sistema, sino que ha venido derivada por un fenómeno no contemplado en la economía como es una pandemia.

Ante esta crisis la Europa que necesitamos es una Europa que apueste por el verdadero rescate a las personas, que van a ser los que han sufrido y van a sufrir más, tanto desde el punto de vista psicológico por un duro, estricto y necesario confinamiento, como desde el punto de vista económico. Las grandes empresas y los bancos parece que todo esto les ha agarrado con liquidez y su existencia no parece cuestionarse, sin embargo, ¿Qué futuro nos espera a la población joven? ¿Qué futuro espera a esas pequeñas y medianas empresas que les es imposible digitalizarse debido a la naturaleza de su producción? ¿Quién se va a encargar de las personas que viven al margen de la economía regulada, esas personas que viven del día a día? (Se calcula que entre un 10-15% de nuestro PIB es economía sumergida)

En definitiva no es solo de estas cuestiones de alta política que Europa se debe de preocupar, sino también de la política de la calle, esa dónde, en mi opinión Europa ha fallado, la de estar con sus trabajadores, la de la solidaridad entre pueblos. Es por eso que Europa, junto con los Estados pertenecientes, no puede tener una respuesta titubeante para rescatar a sus ciudadanos y salir conjuntamente de esta crisis. Porque de esta crisis o salimos unidos o no salimos.

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