FE Y RELIGIÓN

JUDES MORENO

 

 

 

Algunas veces necesitamos reflexionar sobre temas o asuntos que están ahí tan íntimos y personales que nos parecen incuestionables. Pero una lectura o un acontecimiento nos sacude y nos ponemos a pensar en ellos. Así me ocurrió con la publicación en días pasado de una encuesta sobre la práctica religiosa de mi entorno.

El estudio sociológico con sus análisis y conclusiones sería perfecto, o casi. Los resultados no eran muy halagüeños a mi entender para quien como yo me confieso creyente y practicante católico. Y me puse a pensar.

Todo ello sin ánimo de sacar conclusiones, ni reacciones.

Intenté relacionar fe con religiosidad o práctica religiosa. Si fe son las creencias que uno tiene porque las ha recibido y las ha aceptado, religiosidad será la manifestación de esa fe en el entorno social y público del entorno personal.

La fe depende de lo recibido, captado, aceptado y vivido. La religiosidad va más allá de un sentimiento y se tiene que manifestar en el estilo y modo de vida de la persona con fe. A mi entender, no se puede tener una religiosidad sin fe, ni tan poco una fe sin religiosidad, algo así parecido a lo del huevo y la gallina. También a lo del jinete y la cuadriga, siendo la religiosidad la cuadriga y la fe el jinete.

Tanto la fe como la religión tienen doble vertiente: personal y social, privada y pública.

La ilusión, la esperanza, el amor, el cariño, el odio, el rencor, y muchas otras son propiedades exclusivamente humanas que encontramos dentro de nosotros y en nuestra sociedad y de las que no nos podemos desprender, aunque las encontremos en diversas proporciones y combinaciones distintas en cada individuo.

Cada cual es responsable de su fe y de su religiosidad, como lo es de su historia, con todas las implicaciones y complicaciones que nos rodean. Porque somos personas.

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