FIJOS DISCONTINUOS. LA POLÉMICA

ALFONSO MORÓN MERCHANTE

 

 

Desde el mismo momento en que la Ministra de Trabajo hizo público el acuerdo con los agentes sociales para la última Reforma laboral se abrió un gran debate sobre su alcance y, en particular, sobre si suponía una derogación total de la anterior Reforma aprobada por el primer gobierno Rajoy en 2012, tal como se había comprometido en numerosas ocasiones por miembros del actual Gobierno.

En estos días, en que se han empezado a conocer sus primeros efectos sobre la utilización de las distintas modalidades de contratación laboral y sus posibles consecuencias sobre las estadísticas de paro registrado, se ha abierto un nuevo debate.

El motivo principal ha sido el crecimiento exponencial que se ha producido en los últimos meses de la modalidad contractual denominada como fijo discontinuo. Este tipo de contrato venía siendo utilizado hasta ahora con gran extensión y normalidad en regiones con un importante sector turístico como las Islas Baleares o Canarias, para actividades estacionales o de temporada  y cuya regulación ha sido, además, perfectamente completada y desarrollada a través de la negociación colectiva. Todo parece indicar, no obstante, que a partir de ahora este contrato va a reemplazar con carácter general al antiguo contrato de obra y servicio determinado que ha sido suprimido por la reforma. También se está produciendo un fuerte crecimiento de los contratos indefinidos a tiempo parcial, pero esto será objeto de comentario en otro momento.

Unos pocos datos pueden ilustrar lo que está ocurriendo. En todo el año 2006 los contratos fijos discontinuos fueron 107.359 sobre un total de 17.377.287 contratos suscritos, es decir, representaron un 0,62% del total. En 2021 fueron 202.166 sobre un total de 18.506.494, es decir, un 1,10%, lo que representaba el porcentaje máximo hasta esa fecha. Pues bien, en los cinco primeros meses de 2022 se han suscrito 598.021 sobre un total de 7.117.745 contratos, es decir, un 8,40% del total y todo parece indicar que este porcentaje seguirá incrementándose en los próximos meses.

Y las dos preguntas que cabe formularse son: ¿supone este tipo de contrato una mejora sustancial del estatus y de las condiciones laborales de los trabajadores?  Y, en segundo lugar, la mejora que están experimentando las estadísticas de contratación indefinida y, en general, las cifras de paro registrado, ¿reflejan la evolución real de nuestro mercado de trabajo?

Respondamos primero a la segunda cuestión. Es evidente que el “trasvase” de contratos temporales de obra y servicio a otros fijos discontinuos ha supuesto de manera inmediata una revolución en la tasa de temporalidad de las nuevas contrataciones y es fácil adelantar que a medio plazo tendrá reflejo en las tasas de paro registrado.  

Es totalmente cierto, tal como están argumentando los responsables del Ministerio de Trabajo, que no se ha producido con la reforma ningún cambio en los criterios estadísticos existentes. Las personas con un contrato fijo discontinuo han estado desde hace mucho tiempo excluidas del cómputo de paro registrado. Se le incluye, junto con otras categorías, en un apartado denominado DENOS (demandantes de empleo no ocupados) que no se suma a la cifra total de parados registrados porque se considera que tienen una relación laboral en vigor aunque estén en período de inactividad y se encuentren a la espera de un llamamiento para trabajar.

No se ha producido pues, que quede claro, ninguna “trampa” estadística. Ahora bien, es igualmente cierto que hasta ahora no se computaban como parados a este colectivo que, como se ha señalado antes, representaba un pequeño porcentaje de los contratos y que ahora, por mor del crecimiento exponencial producido, puede acercarse al 10% de las nuevas contrataciones. Y estos trabajadores, mientras mantengan en vigor este tipo de contrato, y aún cuando su período de trabajo represente una pequeña parte de una jornada anual completa, desaparecerán totalmente durante todo el año de los datos mensuales del paro registrado.

Los datos que publica el SEPE sobre los DENOS no están segregados por los diferentes tipos de trabajadores que se incluyen en esta categoría por lo que será difícil conocer la cifra total de los nuevos fijos discontinuos que desaparecerán del paro registrado. Será significativo, en cualquier caso, hacer un seguimiento de la evolución de las cifras globales de los DENOS en los próximos meses.

Y, por último, es evidente que se trata de una polémica de alcance muy localista. Nuestro país es el único en Europa que publica mensualmente los datos de demandantes de trabajo inscritos en las Oficinas Públicas de Empleo. El dato oficial que sirve de referencia internacional es el de la EPA (Encuesta de población activa) que publica trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística y que se elabora en base a una amplísima encuesta y sobre la base de estrictos criterios comunes para todos los países europeos. La EPA no excluye de la condición de desempleados a los fijos discontinuos durante sus períodos de inactividad y, por otra parte, es comúnmente aceptado que constituye la medición más fiable sobre nuestro mundo laboral y su evolución. A partir de ahora pueden incrementarse, por tanto, las habituales diferencias entre los datos de Paro registrado y EPA, pero siempre habrá que privilegiar los datos de ésta última.

Por otra parte, el otro medidor de periodicidad mensual de nuestro mercado laboral, el número de afiliados a la Seguridad Social, no se verá afectado ya que incluirá a los fijos discontinuos tan sólo cuando estén trabajando de manera efectiva y estén de alta en el sistema.

Pasemos, por tanto, a la primera pregunta que formulábamos más arriba, a saber, si el cambio de un contrato temporal de obra y servicio a otro fijo discontinuo, supone una mejora real en las condiciones laborales de los trabajadores afectados y una disminución en su precariedad laboral o, por el contrario, se trata de una modificación meramente nominalista.

Con independencia de algunas pequeñas mejoras como el cómputo de la antigüedad, la diferencia mas importante es que el trabajador cuenta con una perspectiva de períodos de actividad y de ingresos ciertos a lo largo del año ya que empleador se compromete a convocarle siempre que concurran las circunstancias que se señalen en su contratación que, recordemos, pueden ser las cinco siguientes: actividades estacionales o de temporada, prestaciones laborales ciertas de carácter intermitente, trabajos en concesiones o en contratas, trabajos de naturaleza discontinua en el sector público o puestas a disposición mediante empresas de trabajo temporal.

Generalizando, se trata de un contrato de los denominados “a llamada” y no deja de sorprender su jubilosa aceptación por parte de nuestros sindicatos ya que siempre se han opuesto a incluir medidas de mayor flexibilidad para los empleadores en el cómputo de la jornada de trabajo y la fijación de los horarios en los contratos a tiempo parcial, rechazando que pudieran convertirse en contratos parciales “a llamada”.

La otra diferencia fundamental al adquirir la condición de contrato indefinido, reside en la indemnización que deberán pagar los empleadores a su finalización cuyo importe es superior a la de los contratos temporales.

Debe subrayarse, no obstante, que en muchos casos puede ocurrir que la extinción contractual no se producirá mediante la incoación de un procedimiento de regulación de empleo o una carta individual de despido, sino que consistirá simplemente en una omisión del llamamiento al trabajo, especialmente en aquellas regiones o sectores en las que no exista tradición en la utilización de este tipo de contratos. Y en este caso el trabajador, para obtener la indemnización que le corresponda y el acceso a las prestaciones de desempleo a que tenga derecho, estará obligado a acudir a los Juzgados de lo Social para demandar al empleador por este hecho y deberá justificar que se ha iniciado la actividad intermitente que figura en su contrato y que el empleador ha incumplido su obligación de llamada a fin de obtener una declaración de despido nulo o improcedente.

Con independencia de estas mejoras –cambio de denominación, obligación de llamada, cómputo de antigüedad y mayor indemnización— las características centrales de su prestación de servicios (tiempo de trabajo y retribución) y el derecho a prestaciones de desempleo en función del período previamente cotizado, seguirán siendo similares o idénticas a las que disfrutaba anteriormente a través de contratos de obra o servicio.

Tradicionalmente los Sindicatos que han reivindicado en el pasado una mayor utilización de esta modalidad contractual, lo acompañaban de la demanda de una mejora en las condiciones de acceso a las prestaciones de desempleo durante los períodos de inactividad de estos trabajadores. Este modesto escribidor se atreve a apostar que, más pronto que tarde, ésta será la nueva exigencia sindical para esta categoría de contratos.

Hasta aquí los datos. Dejo al criterio de los lectores la valoración de si este importante cambio en la utilización de las modalidades laborales de contratación comporta una mejora verdaderamente sustancial para los trabajadores afectados o incluso, como se ha querido publicitar, supone un auténtico “cambio de paradigma” en nuestro mercado laboral.

Por otra parte, habrá que esperar a estudios más profundos sobre el índice de rotación de los trabajadores y sobre la tasa de mortalidad y la duración efectiva tanto de los fijos discontinuos como de los contratos indefinidos ordinarios. Algunos analistas han destacado que en el último mes unos 37.000 trabajadores han suscrito más de un contrato indefinido lo que no parece augurar resultados muy positivos sobre la mejoría real en la estabilidad en el empleo. 

Me permito concluir con una profecía personal: es de temer que cuando los antiguos temporeros (jornaleros y trabajadores precarios de obra y servicio) vuelvan a los Bancos para solicitar el préstamo o la hipoteca que les ha sido siempre denegada por su situación de precariedad laboral, y aleguen que ahora tienen un contrato con la denominación de “fijo”, vuelvan seguramente a recibir la misma respuesta negativa a su petición por parte de nuestro “cruel” sector financiero.

Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.      

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