HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO

ALEJANDRO VIDAL

Club de Libre Opinión

 

Me he despertado insomne a las cinco de la madrugada y he pensado que los medios de comunicación no son necesarios y mucho menos imprescindibles tanto en democracia como sin ella en tanto en cuanto no sean verdaderamente independientes. ¿Lo son?. No.

Dejaron de serlo en el momento en que los políticos empezaron a subvencionarlos conscientes de que de ello acabarían dependiendo sus cuentas de resultados. Y ahí comenzó el declive del “papel”, auspiciado por el crecimiento de los medios digitales que, por cierto, tampoco cuadran sus balances.

Los mejores analistas de prensa del país, uno de ellos escribe en este club, han concluido que la línea editorial de los principales diarios, sino todos, cambia más o menos sutilmente en función del color de los gobernantes de turno. La información plural e imparcial, por supuesto veraz, debería imperar sobre los intereses comerciales. ¿Lo hacen?. No.

¿Soy un periodista arrepentido?. Tampoco. He trabajado en todos los mass media –radio, prensa, televisión y digitales- y me han depurado por no plegarme a las directrices de unos jefes sumisos y serviles ante la propiedad, cuando no movidos por su propia flaqueza intelectual y profesional o su vanidad, tan arraigada en este mundillo. En un diario cuyo lema es el respeto a las opiniones ajenas emitidas en sus páginas, no solo se me han formulado indicaciones estrictas, sino que se me levantaron artículos ya en máquinas y remitido mensajes de otros redactores para decirme que mis críticas a determinados personajes impedían la filtración de noticias. Dame pan y dime tonto.

Escribo esto ahora porque, tal como he comentado con algunos amigos y colegas, me temo que asistimos a la muerte del periodismo tal como lo hemos conocido o, dicho de otro modo, tal como lo concebimos y en el que creímos. Hemos dejado de ser el cuarto poder porque no ejercemos ninguno. No hay quien nos crea y mucho menos quien nos siga. Basta mirar los datos de audiencia. Los círculos de poder no se han limitado a matar al mensajero, sino que han sustituido el mensaje verdadero por el que a ellos les conviene en cada momento.

Pero tras nuestras barbas, van otras. Sin periodismo no hay libertad, cada vez más coartada ya como se ve, se nota y se siente, pero tampoco habrá justicia que es, inevitablemente, el siguiente paso. Al tiempo.

Utilitzem cookies pròpies i de tercers per millorar l'experiència de navegació.
En continuar amb la navegació entenem que acceptes la nostra política de cookies.