HOMENAJE A NUESTROS MAYORES FALLECIDOS.

MANUEL RASTOLL

 

 

Está mañana quería hablar contigo. Como ayer.....

Me temo que he llegado tarde. Tú te has ido, pero recuerdo tu cara, recuerdo tus palabras. Tú me hablabas de la niñez, de las bombas y los refugios. Y yo del grupo de personas, que cada año venían de la Vega Baja a poner una corona a la cruz de piedra al borde del camino, frente a la huerta de mi padre. Los dos hechos de la misma historia. La guerra .. Hablamos del pasado, de la vida .Tu me recordabas los bollos de maíz, los asados de patatas, de boniatos, que nos hacían en el horno de la esquina. (No habia hornos eléctricos). Y yo te recordaba los huevos de la gallina del corral reservados para el domingo, de la leche en polvo y del queso amarillento de los americanos. Tú me hablabas de la escuela unitaria y yo te comentaba aquel único libro, que contenía todos los saberes: los ríos, los números, las  palabras.  Los dos hablábamos al unísono de los juegos de la calle, la alegría de la niñez y de la pobreza. La pobreza nos acompañó durante muchos años. España estaba marginada del mundo. Era un tiempo de creencias, no de ideas. El poder y la libertad no se llevaban bien. Algunos habían huido... Recordamos el silencio de unos padres y la alegría de otros. Dependiendo de las circunstancias vividas. El trabajo y el silencio presidió la vida de las familias durante mucho tiempo. Es en el año 59 cuando llegan los tecnócratas, la España del desarrollismo. Lo recordamos a malas penas. Y es en la década de los 60 cuando nuestras memorias divergen. Es nuestra iniciada juventud. Coincidimos en los recuerdos de los guateques y los pick-ups, la aparición de los Beatles, los Pequeniques.   Pero a la hora de las ideas nuestras vivencias son distintas. Como en la calle, nuestras generaciones. En ese final de la década ocurren muchas cosas: el mayo francés, el inicio del terrorismo  en España, el proceso 1001 y la crítica más abierta en ciertos círculos de la sociedad incluida una parte de la Iglesia. Vivimos juntos estos acontecimientos,  pero no nuestra atención. En esa ultima década habíamos crecido y nuestra relación con el exterior había mejorado. Es muy poco más tarde, cuando llega el cambio.Tu tenías 40 años y yo unos 30. Y llegó aquel día. La fecha tantos años esperada. Muchos salieron a la calle. La ilusión nos dió la mano. Rompimos el silencio. Llegó la democracia. Nuestros hijos comenzaron a crecer. Había nacido una esperanza. Nuestras mesas iban a tener otros platos de menú. Jugamos a la política. La liquidez empezó a entrar en los hogares. Nos dimos los primeros caprichos y lo disfrutamos como niños.La cultura comenzó a aparecer por las calles y las plazas.Y nos abrimos a Europa. Eran unos años preciosos, un largo periodo, pero una tarde se nos dice que ha llegado una crisis. Crisis que había comenzado en América. Como recordarás.se nos dijo que éramos nosotros los culpables. Que habíamos gastado más de la cuenta. Eso dijeron los mismos que con su egoísmo extremo nos habían lanzado a los gastos, y a unas condiciones de vida que íbamos a perder. Esto, rompió todos nuestros planes. El paro y la pobreza recayó en nuestros hijos y nietos. Tuvimos que compartir nuestro pan y a veces, también nuestro hogar. Nos hizo retroceder. Los pobres aumentaron en número y en pobreza, y por sorpresa, los ricos, muy ricos aumentaron su riqueza. Como recordarás , estábamos apenas superando la crisis. Y ha sido en ese momento cuando apareció el virus. Ese virus que se cruzó en nuestro camino. Tu solo has vivido la primera parte. El virus se cebó contigo y te llevó como a tantos otros, miles y miles...El virus unió en el río de la vida a las tres Españas, a los que iban por la margen derecha, a los de la margen izquierda y a esa mayoría que iban dejándose llevar por la corriente del cauce del río. Todos unidos en esa desembocadura. Ahora y cada uno estará donde siempre soñó y en la memoria de todos los que quedamos.( En el mes de mayo se estiman más de 17000 ancianos...y más de 26,000 los muertos totales por el virus)

Si, hoy lloro por tí y por tantos mayores de mi generación. Me los ha arrancado está tormenta vírica. Y lo ha hecho sin piedad, sin dejarles decir una palabra, sin aire, sin los suyos, solos en sus últimos momentos y en su entierro. Tú eres "ellos", y ellos son "tu" en mis sentimientos.

Sí, lloro desde mi casa, confinado como señal de respeto a tí, que me lees y a los otros, y con mucho, mucho miedo a la pandemia.

(Gracias a todos los que cada dia estáis trabajando e incluso dando la vida por nosotros, los que estamos confinados. Respetemos las indicaciones de los médicos y científicos, no sea que por querer correr, retrocedamos y nuestros sanitarios  están diezmados y muy cansados. Respetemos las fases de la desescalada).

Utilitzem cookies pròpies i de tercers per millorar l'experiència de navegació.
En continuar amb la navegació entenem que acceptes la nostra política de cookies.