LA CONFIANZA DE LA CIUDADANÍA SE ESTANCA

ANTONI TARABINI

 

 

En estas líneas voy a referirme a la percepción ciudadana sobre nuestro presente y futuro socioeconómico reflejada en  el nº 375 de Quaderns Gadeso con un título elocuente “La confiança no acaba d’arrancar” (www.gadeso.org). Se analiza los índices de confianza/desconfianza de los ciudadanos/as de nuestra Comunidad respecto a tres inputs básicos:  nuestra economía productiva, la economía doméstica, el empleo y la estabilidad laboral. La ponderación de los tres factores determina el índice de progreso y desarrollo económico, social, familiar y personal. 

Primera constatación: La confianza de la ciudadanía está estancada en la incertidumbre. A partir de 2015, año en el que "oficialmente" la crisis se da por superada, el índice de confianza de los ciudadanos mejora sensiblemente (aunque se mantuviera en negativo): pasa de un -20,2 a un -4,3. Esta tendencia se mantuvo en los años siguientes (¡aunque al ralentí!) hasta llegar al presente 2019 que alcanza un -2,5. Pero si analizamos con atención este cambio de tendencia, aunque mejora seguimos en negativo, podemos concluir que la confianza no acaba de arrancar.

En referencia a la situación de nuestra actual realidad económica, aunque su percepción no es negativa, se instala en un regular (75%). Y el estado de ánimo a medio y a largo plazo es de incertidumbre.  En el momento de hacer el trabajo de campo se habían hecho públicos los últimos datos del paro registrado a finales del mes de agosto. Se han incrementado los afiliados a la Seguridad, pero las  personas paradas han aumentado aunque de manera leve respecto del mismo mes del año pasado. Esta aparente contradicción se puede explicar a partir del incremento progresivo de la población de nuestras islas. Más gente trabajando, pero también más gente parada.

Del análisis de estas realidades se pueden extraer varias conclusiones. Por un lado, nuestra actividad turística, tal como está planteada, no tiene capacidad de crear más empleo, y el que crea es básicamente temporal/precario y de baja calidad. Nuestro modelo económico y productivo, a pesar de ciertas iniciativas positivas, sigue anclado en el trabajo intensivo y de escasa cualificación. No en vano está a la cola de España en la contratación de empleados con formación media y superior. La actividad productiva sigue generando beneficios empresariales, pero sin repercusiones significativas en el beneficio “social”. Los salarios siguen siendo bajos, a pesar de lo positivo de los Convenios de Hostelería y Comercio. De hecho, el poder adquisitivo ha aumentado únicamente un 0,4% ,un 68% considera que la economía doméstica está estancada , y un 30% de las familias tienen dificultades para llegar fin de mes. También se percibe un cambio de tendencia en el mercado laboral: Un 48% confiesa su desconfianza en que el modelo económico vigente pueda crear empleo estable a medio y largo plazo.

El camino no es fácil, pero es posible. Es necesario un nuevo chip empresarial:  la coyuntura actual no demanda invertir masivamente en nuevos activos, sino en la mejora de la competitividad y productividad no basada en una actividad intensiva de los meses de verano sino apostando por la diversificación. La quiebra de Thomas Cook, como mínimo, nos tendría que conducir a una seria reflexión. Es imprescindible que nuestra rentabilidad económica se base, sin renunciar al sol y playa, en la puesta en valor de múltiples y variados nuevos productos turísticos que nos permitan acceder a nuevos segmentos de mercado, así como “aligerar”  la carga excesiva y concentrada en los meses de temporada alta. La “redistribución” de la actividad económica no es fácil. Sin renunciar a la actividad turística es imprescindible desarrollar nuevas actividades económicas productivas diversificadas y de mayor valor añadido.

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