LAS SILLAS SALEN CARAS EN TURQUÍA

CRISTINA FONT

 

O las sillas salen muy caras en Turquía o entre los políticos se ha puesto de moda jugar al juego de las sillas musicales, siendo la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen la perdedora de tal juego de patio de colegio. ¿Anécdota o crisis? Cuando aquello que parecía una mera anécdota o un traspié por parte de los asesores responsables de cumplir con las formas y el protocolo, termina por eclipsar la noticia de contenido político y de los temas tratados en la reunión del día; entonces, seguramente la anécdota se halla convertido en un problema de calado diplomático.

Cuando la primera Presidenta de la Comisión Europea es relegada y obligada a sentarse en un sofá cercano, pero a su vez distante a las dos sillas centrales reservadas para el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y el Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, no podemos menos que preguntarnos si esto hubiera pasado en el caso de tener dos presidentes varones en la UE. Gracias a los archivos históricos sabemos que cuando la representación de nuestras instituciones recaía sobre los hombros de Donald Tusk y Jean-Claude Juncker ambos se sentaban al mismo nivel y en la misma silla o butaca a la del presidente Erdogan. Sin irnos tan atrás en el tiempo, en una visita diplomática anterior de Charles Michel y Josep Borrell, alto representante de la UE para asuntos exteriores, ambos recibieron igual trato de cortesía por parte del anfitrión, aunque no ostentaran el mismo cargo. Pero, claro está, ambos son hombres.

¿Caso fortuito o desafortunado? ¿A causa de la negligencia propia y/o ajena o, por el contrario, completamente intencionado? Una vez la falta es cometida, se buscan responsables y se predican excusas. Tanto Charles Michel como su equipo han dicho en reiteradas ocasiones que la culpa recae enteramente sobre Turquía por hacer una interpretación demasiada estricta del protocolo a seguir. A su vez, la propia víctima sería corresponsable de lo sucedido, ya que su equipo no estaba allí para preparar de antemano el guion ceremonial junto a las otras dos partes. Siendo de esperar los interpelados han rechazado tales argumentaciones.

Actualmente, entre los objetivos de Turquía se encuentra un acercamiento a Europa y Occidente, dado que su estilo de política exterior la ha dejado bastante aislada. Además, sin elecciones a corto plazo en el país anfitrión, Erdogan tiene la oportunidad de usar un lenguaje diplomático diferente al habitual, ya que no usa la “carta-Europea” para obtener votos. Aunque pueda parecer que Turquía es un socio un tanto molesto para la UE, la verdad es que pueden convertirse en aliados estratégicos y establecer una relación de mutuo beneficio. Su posición en el sureste europeo y su membresía en la OTAN, la convierten en un aliado interesante para la UE. De hecho, el objetivo de la visita oficial era limar tensiones y mejorar la coordinación en el tema de la migración y su relación aduanera. Por lo que, estratégicamente, no tendría sentido para Erdogan haber creado tal trifulca diplomática. ¿Será que se vio envuelto en una discusión interna?

Si es así, nuestros representantes deben aprender aquel antiguo dicho de que “los trapos sucios se lavan en casa”, ya que utilizar una visita oficial a un tercer país, como plataforma para demostrar la fuerza propia y menospreciar al otro públicamente, solo nos hiere a nosotros mismos. No solo nuestro posicionamiento geopolítico queda entredicho, sino que nuestra política exterior común es cualquier otra cosa antes que común. Ahora mismo, la UE sufre de personalidad múltiple, ya que está compuesta por 27 personalidades que en ocasiones habituales difieren de opinión, objetivos y de estrategia. Además hay que sumarle tres cabezas que nos representan (los presidentes del Consejo y la Comisión junto al alto representante de la UE para asuntos exteriores), que actúan de forma descoordinada, aislada e incluso en competencia. De ahí, los infortunios de Moscú y de Ankara.

Que la mujer líder con el rango de la UE más elevado fuera relegada a un segundo nivel, siendo uno de los temas candentes sobre la mesa de debate de la visita oficial, la salida de Turquía del Convenio de Estambul para el apoyo a los derechos de las mujeres resulta bastante irónico y tristemente no es una excepción sino más bien la norma. Y esto se debe a que siempre se prioriza la sustancia sobre el protocolo. Ursula von der Leyen no es la única en hacerlo. La ONU es la primera que priorizando el resultado rebaja la presencia de las mujeres en los procesos de paz, donde ni siquiera llegan al 5%, aún habiéndose demostrado que cuando estas participan en las negociaciones hay un 25% más de posibilidades de que duren más de 15 años.

Priorizar la negociación sobre la forma permite menoscabar la presencia y el papel de las mujeres en la mesa, contradiciendo los propios valores que defendemos como europeos. Priorizar el protocolo sobre el contenido es darle una utilidad a nuestros valores, si no acaban siendo solamente palabras políticamente correctas que rellenan discursos bienintencionados. Querida Presidenta, como bien dijo Shirley Chisholm, la primera congresista negra de EE.UU., “si no le dan un asiento para sentarse a la mesa, llévese una silla plegable”.

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