Leyendas urbanas

MIGUEL ÁNGEL FERRER

 

En nuestras vidas, todos nos topamos con leyendas urbanas que nos alcanzan de un modo u otro. Unas son efímeras, y otras, por ser tan absurdas y descabelladas, permanecen en el tiempo con ligeras modificaciones, como la de “La Joven de la Curva”.

Sin embargo, hay una que prevalece en el tiempo, y ha tomado tal cuerpo que, incluso, tiene una partida presupuestaria muy importante desde el punto de vista económico en el municipio de Palma. Y, por lo que se puede leer y oír, esta leyenda no exclusiva de nuestra ciudad, pues, en mayor o menor grado, está también vigente en otros municipios a lo ancho del territorio españo.

Me estoy refiriendo, como todos los lectores habrán adivinado, a la llamada Policía Municipal. Hay gente que dice que ha visto a alguno de sus componentes, pero no sé si será fiable su testimonio, o se verá afectada su imaginación por el fuerte calor y la irradiación solar que está terminando por afectarnos a todos. Por mi parte, tengo que reconocer que el otro día me pareció ver una sombra azul cerca de los soportales de la Plaça Major, pero no podría asegurar si era un policía nacional, municipal o un ectoplasma con gorra.

Si he vivido en paz y tan a gusto con esta leyenda ¿Por qué la saco ahora a relucir? Pues porque siento vergüenza ajena por la credibilidad de nuestros ediles. Supuestamente, la Policía Municipal tendrá que hacer guardar la ordenanza según la cual Los patinetes y ´segways´ no podrán ir por las aceras a partir de esta semana, tras su publicación en el Boletín Oficial de les Illes Balears. Los vehículos de movilidad personal tampoco podrán circular por plazas, parques ni jardines. La sanción por incumplir esta ordenanza es de 40 euros. Pero parece que esto será difícil de cumplir  si las bicicletas se pasean por medio de la acera, incluso en calles que tienen “carril bici”, si los peatones pasean por los “carriles bicis”, si los coches aparcan en las esquinas impidiendo la visibilidad, si es una norma habitual aparcar en doble o triple fila en calles de atención preferente.

Pero, ya que nos ponemos, vamos a otros ejemplos que no afectan al tráfico o a la movilidad. A pesar del Decreto sobre las bolsas de plástico, hay un puesto en un Mercado Municipal que anuncia sin ningún decoro, que ellos regalan las bolsas a sus clientes. Las fruterías de bajos precios atascan los buzones para las basuras tirando, sin romper, los embalajes. Las terrazas ocupan el lugar destinado a los peatones. Los toldos extensibles no están a la altura determinada, con el consiguiente peligro para los peatones de una altura superior a la media.Si hablamos de limpieza de la ciudad, aparte de los consabidos rastros de los perros con dueños incívicos, que parece, según a quien se escucha, que es lo único que mancha la ciudad, se ven restos de bocadillos, latas vacías de refrescos, papeles y envoltorios varios, colillas, incluso vaciadas de los ceniceros de los coches, y con menos frecuencia, pero también, se ven pañales usados.

Con estos antecedentes ¿Alguien cree que se va a perseguir a los vehículos de movilidad personal?

Y ya que estamos con las leyendas urbanas, en otra ocasión escribiré sobre el interés de los responsables del Ayuntamiento por algunos barrios fuera de las Campañas electorales.

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