LO URGENTE Y LO IMPORTANTE

ANTONI TARABINI

 

 

En nuestro quehacer cotidiano, personal y/o colectivo, lo urgente y lo necesario es hacer frente a las consecuencias provocadas por la pandemia. En el ámbito sanitario, frenar/detener la expansión y el contagio del virus mediante aplicaciones médicas y restricciones personales y colectivas, incluida la vacunación; y en el contexto productivo, recuperar nuestra economía, empresarial y social, mediante la reactivación de la actividad turística. Pero lo importante y lo decisivo es plantearnos nuestro futuro desde una nueva perspectiva, no fácil pero posible. Empecemos por el principio, lo urgente y necesario.

 

La situación sanitaria, después de unos meses de mejora de los índices de control y con una vacunación correcta, se autoubica en un segmento de riesgo creciente con aumentos preocupantes de los contagios y los rebrotes, a través de comportamientos personales y colectivos escasamente responsables visualizados en la ocupación del espacio público sin distancias mínimas ni mascarillas, botellones, fiestas ilegales, y mil otras maneras; con riesgo de afectar a la ocupación hospitalaria y a la Atención Médica Primaria (PAC).

La realidad socioeconómica, la reactivación de la actividad turística, es inviable si no se produce un control real de la epidemia. Nuestros principales clientes nos exigen garantías sanitarias, debido al aumento de los indicadores negativos, incluyendo la reactivación de los excesos en determinadas zonas perfectamente identificables. Los alemanes nos incluyen en «zona de riesgo», desaconsejándonos como destino turístico. El gobierno británico ha devaluado nuestra cualificación, de verde a ámbar; a partir de hoy a los turistas británicos a su regreso se les aplicará la cuarentena; con dos excepciones que podrían resultar positivas si las sabemos utilizar: los que hayan recibido la vacunación completa (52% de los británicos) y los menores de 18 años. Sin duda tales medidas pueden afectarnos. Pero si las administraciones públicas y los agentes sociales (Patronales y Sindicatos) saben reaccionar con medidas eficaces, incluida una vacunación eficaz del 70% la población a finales de agosto, sin querer pecar de utópico, es posible una actividad turística «viva», empresarial y de empleo, que posibilitaría obtener una ocupación del 40-50% respecto a la propia de la temporada alta 2019 y una posible prolongación.

Me ocupa y preocupa (no sólo a mí) que algunos agentes, no sólo empresariales, se planteen como objetivo máximo regresar a la ‘normalidad’ turística del año 2019. Incluso ponen fechas de recuperación (2023…). Error, grave error. Nuestra oferta, con algunas variables, sigue basándose en Sol/Playa y los precios. Aun reconociendo ciertas iniciativas desestacionalizadoras, nuestra actividad productiva sigue siendo estacional: Temporada Alta intensiva con máxima ocupación hotelera, y un empleo temporal/precario de escasa cualificación. La quiebra de Thomas Cook, precisamente en 2019, puso de manifiesto el momento disruptivo en el que se encuentra el sector turístico, muy vinculado a un modelo muy tradicional que le ha dado éxito en el pasado pero que no garantiza éxitos de futuro. Tal modelo es obsoleto.

Además de lo urgente y lo necesario, sanidad y reactivación socioeconómica, debería ser importante y decisivo cambiar el modelo turístico. Dícese que una crisis puede convertirse en una oportunidad. Esta puede ser una ocasión única. Baleares ya no puede competir por precio. Los grandes retos que tiene el archipiélago en materia de competitividad no están tanto en tocar la variable precio, como en la ordenación del espacio turístico asociada al desarrollo sostenible del turismo, y en la capacidad para mantener el equilibrio entre recursos naturales y activos turísticos. Reproduzco una afirmación de Carmen Planas, presidenta de la CAEB, incluida en una interesante entrevista publicada en este diario el 13 de julio de 2021: «Haría falta un plan estratégico a cinco o a diez años para poder cambiar el modelo. Tenemos que cambiar volumen por valor». Tal cambio de modelo turístico tiene que ir acompañado por un replanteamiento de las políticas medioambientales, sociales y formativas (cfr. Yayo Herrero).

Quisiera concluir con unas reflexiones sociológicas. La pandemia ha afectado también a nuestros modos de vivir, convivir y coexistir; al entorno de la salud/sanidad personal, familiar y colectiva; en nuevas formas y maneras de empleo, de desarrollo profesional; en el teletrabajo, cuya tendencia, ya se insinuaba, ha venido para quedarse, y habrá que ver cómo nos cambia en el tiempo; en la superación de multitud de restricciones que las diferentes administraciones públicas nos han aplicado a nivel personal y colectivo. Lo que ha provocado determinadas reacciones ciudadanas. Especialmente los jóvenes, los más tocados por la pandemia, que pretenden recuperar el espacio público, la calle, simbolizado en la recuperación del botellón.

¿Llegarán los cambios socioeconómicos a la vida cotidiana? La pantalla (la computadora que suele estar detrás) es un campo de concentración, un territorio concentrado. Cumple las funciones que hasta hace poco cumplían muchas herramientas distintas: el tocadiscos, la calculadora, el libro, el diario, el mercado, la radio, la televisión, el cine, el teléfono, la libreta, el naipe, el mapa, el correo y suma y sigue. Deberíamos poder recuperar las relaciones personales próximas y físicas. Los abrazos y los besos no deberían quedar limitados a los muy cercanos, y a ver cuántos son los valientes que se atreven a darle la mano a un desconocido cuando se lo presenten. Deberíamos recuperar nuevas aperturas en las relaciones sociales, el ocio y el espectáculo

Dejemos de añorar tiempos pasados. Apostemos por una nueva normalidad, sostenida y sostenible, que afecte a nuestra realidad socioeconómica y a nuestros modos de vivir, convivir y coexistir.

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