¡NO ESTÁ HECHA LA MIEL PARA LA BOCA DEL ASNO!

MIQUEL PASCUAL

 

Ayer,  día 18 de junio de 2020, se cumplieron ya diez años de la muerte del escritor José de Souza Saramago, que ganó el Premio Nobel de Literatura el año 1998, convirtiéndose en el primer escritor de habla portuguesa en obtener este premio, 18 veces doctor Honoris Causa por universidades de todo el mundo, merecedor de 20 premios literarios, y del que la propia Academia Sueca destacó su capacidad para “volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía” y al que la derecha portuguesa de la mano de la iglesia católica nunca le perdonó su ateísmo militante y explícitamente anticlerical.

Lamentablemente el Gobierno portugués de centro-derecha trató, ya en vida, al escritor con saña. El PSD, que en el año 1991 gobernaba en Portugal con mayoría absoluta, con Aníbal Cavaco Silva ejerciendo de presidente del Gobierno vetó al escritor y le negó la presentación al Premio Literario Europeo de su novela “El Evangelio según Jesucristo” (1991), motivo por el cual Saramago se trasladó a residir a la isla Lanzarote  de Canarias en el año 1992.

El vetó del gobierno portugués a su presentación al Premio, alegando que “ofende a los católicos” y considerarla “herética” produjo una gran polémica sin precedentes en Portugal (que se considera una república laica) .

Al morir el escritor era alcalde de Lisboa António Luís Santos da Costa, actualmente secretario general del Partido Socialista y Primer Ministro de Portugal, quien ordenó que se velaran los restos de Saramago en el Salón de Honor de su Ayuntamiento. Frente a su féretro desfilaron miles de ciudadanos, algunos portando claveles rojos y José Sócrates, a la sazón, primer ministro socialista sentenció: “Fue un gran portugués, no sólo como escritor, y deja una marca muy profunda en el alma portuguesa”.

Mientras esto ocurría, el Vaticano, sin dejar prácticamente que se enfriara el cuerpo del escritor, al día siguiente de su muerte, y a través de su órgano de propaganda oficial el diario vaticano “L'Osservatore Romano” arremetió contra el recién fallecido escritor portugués, al que dedicó un artículo y en el que lo definió como un “populista extremista” de ideología antirreligiosa.

El 13 de julio del mismo año, 25 días después de su muerte, la mayoría formada por los concejales de centro-derecha (PSD, centro-derecha y del democristiano Partido Popular CDS-PP) del equipo de gobierno del Ayuntamiento de la ciudad de Oporto votaron en contra de una moción que proponía poner el nombre del escritor a una calle de la ciudad. La derecha, de nuevo, volvía tratar a Saramago con inquina, esta vez ya muerto. En aquel momento el alcalde de Oporto (la segunda ciudad en importancia de Portugal), era Rui Fernando de Silva Rio, entonces vicepresidente del PSD. El mismo que hace unos días volvió a hacer historia al anteponer, ya como presidente del PSD y como jefe de la oposición en el Parlamente Portugués, el bien de la ciudadanía a sus propios intereses de partido y apoyar al gobiernos de izquierdas en su lucha contra la pandemia, actitud sobre la que yo ya he escrito y alabado como se merece.

Ahora bien, aquella actitud con el escritor,  no es que fuera “provinciana”, como señalaron los socialistas portugueses. Es que además fue mezquina, estrecha de miras, antipatriótica, torpe, ninguneadora, negadora del pan y la sal, retorcida, torticera, ridícula, esperpéntica, de vergüenza ajena, negadora de realidades evidentes, rácana, vulgar, llena de rencor, envidiosa, cegata...

¿Tantos premios Nobel ha tenido Portugal como para negarle el derecho a Saramago, un hombre bueno, con independencia de la ideología que profesara, a tener, aunque fuera post mortem, una calle con su nombre en la ciudad?

Una vez más quedó diafanamente claro que no está hecha la miel para la boca del asno y hablar a la derecha de cualquier cosa relacionada con la cultura es como echarle margaritas a los cerdos.

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