SUAVITER IN MODO, FORTITER IN RE

ALFONSO MORÓN MERCHANTE

 

 

Después de su elección en el Congreso del PP de Sevilla en una votación que algunos socialistas han tachado de “búlgara” --¿han olvidado el resultado de las votaciones en su último Congreso en Valencia?-- asistimos hace días a la puesta de largo de Feijóo en su encuentro con Sánchez en Moncloa y, especialmente, en la rueda de prensa que ofreció a continuación.

Después de la permanente agitación de su predecesor —todo exabruptos e insultos, con una actitud propia de un adolescente en plena tormenta hormonal o de un político totalmente “junior”— el tono maduro y sosegado del nuevo presidente popular recordó  aquella  “serenidad pragmática” con que algunos definieron la época de Rajoy. Entre gallegos anda el juego …

Lo fundamental de la reunión no fue el desencuentro, la falta de sintonía y la ausencia de acuerdos que todos dábamos por descontada ya que en el lenguaje de Sánchez la petición de “arrimar el hombro y negociar” se reduce, simple y llanamente, a demandar una adhesión total a sus postulados sin matices y sin enmiendas. Lo realmente importante fue la comparecencia posterior ante la prensa, por el fondo y por la forma. En la política actual sigue siendo válido el principio de McLuhan (“el medio es el mensaje”) y, en este caso, también se aplicó el consejo de Oscar Wilde (“manners before morals”).

En cuanto al fondo, Feijóo ha dejado claro que recurrirá al exitoso lema que inspiró la campaña y la victoria de Clinton sobre Bush padre: “It’s the economy, stupid”. Hasta ahora la oposición del PP se venía basando en la denuncia de los compañeros de viaje que han apoyado a Sánchez desde la moción de censura y en la política del gobierno Frankestein, más cercana con frecuencia a un populismo demagógico que a una izquierda responsable. Una oposición, en suma, a los modos de gobernar de un presidente cuyo desempeño alguien ha calificado como más propio de un astuto oportunista que de un verdadero estadista socialdemócrata.

No obstante, la crisis económica --que no ha hecho, ay, más que empezar-- y la manera de afrontarla, será decisiva electoralmente en el inmediato futuro. De ahí la preferencia del nuevo líder popular por centrar su discurso en asuntos rentables y populares como la bajada de impuestos para “devolver liquidez a las familias” frente a la presunta “rapacidad recaudatoria” de los gobernantes actuales. Se recurre una vez más, por tanto, al clásico argumento conservador de que el dinero está mejor en manos de los contribuyentes que en las de los políticos. Un mensaje que es fácilmente comprensible por todos y que se dirige al bolsillo más que al corazón o la cabeza.

En cuanto a la forma, el principio que regirá la presencia del gallego será el de “suaviter in modo, fortiter in re” (una frase de Quintiliano que hizo famosa el jesuita Acquaviva). En los tiempos actuales los políticos dedican más tiempo a preparar las declaraciones que harán después de una reunión o un acto político que al propio contenido del acto o la reunión. Impera en los Gabinetes de Comunicación la lamentable cultura del “canutazo” para dar titulares. Feijóo, no obstante, no tuvo que improvisar en este caso su manera de comunicar (suavidad en las formas, fortaleza en los contenidos) porque viene cultivando desde hace tiempo una imagen de político sosegado, añejo y adulto.

Se abre una nueva etapa en la confrontación PP-PSOE. Parece claro que Sánchez se enfrenta a un enemigo más sólido que Casado. Por las declaraciones de los portavoces socialistas (Lastra, Sicilia, …) dando la “bienvenida” al nuevo presidente del PP resulta evidente que, a pesar del fracaso que han cosechado en Madrid y en Castilla y León, y pese a que esa táctica puede acabar a la postre dando el mismo resultado que en el cuento de Pedro y el lobo, el PSOE y sus socios van a seguir recurriendo como leitmotiv a la alarma de una presunta vuelta del fascismo.

En cualquier caso, Feijóo no lo tiene fácil. Es más que previsible que en Andalucía, como ha ocurrido en Castilla y León, los populares no tengan otra salida para alcanzar el gobierno que llegar a acuerdos con VOX.

La exigencia socialista de que el PP prescinda a priori de cualquier tipo de pacto con su derecha, sin comprometerse paralelamente a no hacer lo mismo por su parte con su izquierda más extrema, es una muestra más de la asimetría moral que algunos predican. Es, además, lo que los del régimen del 78 denominamos una “trampa saducea” ya que obligaría al PP a alcanzar la mayoría absoluta para acceder al gobierno. O, dicho de otra manera, aseguraría el gobierno casi “in aeternum” a una izquierda que, en su caso, conservaría las manos libres para pactar con quien quisiera, como ocurre en la actualidad.

Nuestro sistema constitucional no incluyó, por desgracia, la benéfica institución del “ballotage” o segunda vuelta de las elecciones. Por tanto, excluida en estos momentos cualquier posibilidad en nuestro país de una “grosse koalition”, la única actuación responsable por parte de los dos partidos mayoritarios de ámbito nacional --que supondría un auténtico cordón sanitario tanto a la ultraderecha como a la izquierda extrema— consistiría en acordar con carácter general una abstención que permita gobernar en minoría al partido más votado, con obligación de negociar en todo momento para alcanzar acuerdos pero sin ataduras de las minorías radicales.

Desgraciadamente esta posibilidad parece hoy absolutamente descartada. Al menos mientras el PSOE lo dirija el señor del “no-es-no”.

Veremos…

 

POSDATA

Mientras tanto, en el otro bando…

Tal como se adelantaba en un artículo anterior, ha comenzado ya el apuñalamiento de Yolanda Diaz por parte de Iglesias, su “padre-padrone” político. Una historia que alcanzará pronto tintes freudianos o de tragedia griega cuando la sangre salpique hasta el patio de butacas.

Y, tal como se vaticinaba igualmente como posible, el proyecto “chulísimo” de Diaz puede consistir, según algunas filtraciones, en incorporar a su candidatura a Unai Sordo (líder de su guardia pretoriana sindical) y a Enrique Santiago (secretario general de su partido de siempre). “Nihil novum sub sole”. Sería, en opinión de este modesto escribidor, una fórmula con perspectivas electorales muy sombrías.

Veremos…

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